Tras el silencio impuesto decidió hablar con su interior, y decirse a si mismo lo que nunca se había atrevido a contar a nadie, cogió papel y bolígrafo y se puso a escribir, a escribir sobre si mismo, sobre todo, sobre nada. Tras varias horas de intensa escritura decidió dejar de hacerlo, dejar de ensoñar, pues nada de lo que tenía puesto sobre el folio se acercaba a la realidad que durante años había visto, y que esa noche se mostraba en su cruda realidad, cogió el papel y lo tiró sobre las ascuas aún calientes de la chimenea; El papel ahora arrugado se fue plegando sobre si mismo evitando las zonas mas calientes de las brasas, llegando al momento en el que no pudo huir de la quema y decidió escapar volando.

La polilla se posó sobre su cabeza y tras un picotazo digno de un ave de rapiña le inyectó toda la ponzoña guardada en sus entrañas, ponzoña que le devolvió a su estado de aletargamiento.

Ahora sentado con la luz apagada y gesto encorvado, frente a un foco luminoso que cada poco tiempo cambia de tonalidad e intensidad, decide coger el mando y cambiar de canal.