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Una noche movidita (capitulo uno)

Las 6 de la mañana; por razones que no vienen al caso tuve que madrugar un poco mas de lo habitual, zombi hasta que no me terminé mi tazón de leche con miel, ni siquiera miré por la ventana, aunque el cambio de hora estaba ya impuesto, no era suficiente para que el sol asomase a esas horas, seguramente la calle estaría desierta, ¿quién iba a estar despierto a esas horas…? pues nada mas lejos de la realidad, bajé a la calle y el ajetreo de coches y personas era por decir algo, raro… sobre todo teniendo en cuenta que vivo en un barrio en el que no hay mucha gente, lo primero que pensé fue que me había confundido al poner la hora del reloj, y en vez de atrasarla la había adelantado, pero no podía ser, si así fuese, por lo menos estaría amaneciendo y la noche era cerrada por completo, aunque la densa niebla que había podía hacer que me equivocase, me acerqué a una de las personas que pasaron a mi lado, era una abuelita con una niña que supuse su nieta de la mano.

– Perdone, ¿puede decirme que hora es?, creo que con esto del cambio horario me he confundido y no la he puesto bien-
– ah!!! así que vas a ser tu??-dijo con un retintín burlón
-¿Como?, no comprendo-
– Nada, simplemente hoy eres el nuevo. Sígueme- Tras estas palabras, pensé que a la vieja se la había ido la pinza )aunque no sabía si mas que a mi, ya que no entendía nada( y que me había confundido con otra persona, decidí ignorarla, me dirigí hacia otra persona, pero cuando iba a hablar con otro de los que pasaba por ahí, la niñita me cogió del brazo y tiró de mi con tal fuerza que di un traspiés para terminar en el suelo, instintivamente miré a mi alrededor para ver si mucha gente me había visto, me daba bastante vergüenza que la gente me hubiese visto caer de manera tan tonta; Al alzar la vista mis ojos se cruzaron con los de la niña, tenía una cara serena, pero su mirada era perturbadora, tenía los ojos rojos por completo, tanto, que apenas se distinguía otro color, tal visión me hizo retroceder de un brinco medio metro, fue cuando mi espalda topó con las piernas de otra persona, que se había acercado para ayudarme al ver que me había caído, amablemente me tendió la mano, la agarré con fuerza y casi cuando estaba volviendo a recuperar el equilibrio también miré a esta persona a los ojos, esta no los tenía rojos, esta persona, )un hombre de unos treinta años( los tenía negros e inexpresivos, del pánico solté su mano y volví a caer al suelo, no podía levantarme, tan solo arrastrarme entre las cada vez mas numerosas piernas que me rodeaban.

Al fondo, tras ese bosque de piernas y gente riéndose a mi alrededor, pude ver como una luz se acercaba, una luz de un candil, cuando esa luz rojiza estuvo cerca, pude observar que ya no había nadie mas a mi alrededor, detrás de la luz, alguien, solo pude distinguir una forma borrosa, nada que me hiciese recordar a nada que antes hubiese visto. Pronto oí una voz

-hoy es día de dormir- me dijo, acto seguido unos brazos me agarraron por detrás y pusieron en mi boca y nariz un paño. Eso es lo último que recuerdo, lo siguiente fue despertarme y ver que tenía el tiempo justo para desayunar e irme al trabajo.

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