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marabunta

La gente se agolpaba en la valla de la entrada, los que estaban primeros casi no podían respirar de la presión que ejercían los de atrás, alguno con suerte y testa fina pasaba la cabeza entre las rejas e intentaba ir al otro lado.

Primero fueron lo niños los que empezaron a tirar piedras jaleados por la muchedumbre, no consiguiendo mucho: las ventanas se encontraban lejos, luego los impacientes escalaron la verja y empezaron a zarandearla, como si se tratase de un balancín en unos minutos la valla se movía vertiginosamente azuzada por cientos de enfurecidos ciudadanos, hasta que aburrida de tanto vaivén, decidió tumbarse estrepitosamente en el suelo aplastando el cuerpo de un joven de cabeza estrecha que se había colado instantes antes, sus gritos de agonía quedaron ahogados por los pisotones y los borbotones de ira de la marabunta soltaba cada vez que veía mas cerca su objetivo.

Un mecánico se había llevado una de sus herramientas de trabajo a aquel tan concurrido encuentro, el motinabuelo que había sido cazador no dudó en llevar su escopeta de doble cañón, el parado no llevó otra cosa que sus puños dispuesto a usarlos si hacía falta y aquella conductora del trasporte público llevó la barra de hierro que escondía bajo su asiento, no sería la primera vez que la usaría, muchas noches jóvenes borrachos se pasaban por su trabajo con ninguna buena intención.

A la vez que los mas avezados llegaron a la puerta principal, varios sensatos que recapacitaron trataban de detener a los que seguian entrando por la valla que plácidamente seguía descansando en el suelo, parecía que habían convencido a unos cuantos, cuando los niños que antes tiraban a las ventanas ahora cambiaron sus objetivos con mucha mejor puntería; aquellos sensatos terminaron haciendo juego con el chico de cabeza estrecha.

Tras una hora de intenso saqueo, linchamientos a todo aquel que se encontraba dentro de la casa y a aquella persona que no había caido en gracia, la casa ardía por los cuatro costados, el levantamiento de este pueblo no fue porque se llevaron a sus reyes secuestrados, no fue por la hambruna, no fue por las prohibiciones en la vestimenta, tampoco por las últimas derrotas en la guerra en la que sus dirigentes les habían metido irresponsablemente, no fue por nada de eso, fue por el simple gusto de destrozar, de porder disfrutar de una sangrienta revuelta, de poder expresar aquella rabia acumulada tras tantos años de pasividad frente a la vida.

Años mas tarde tratarían de buscar el porqué de todo aquello, cada “experto” daba su opinión, cada experto buscó sus culpables en la música, en los juegos de rol, en los videojuegos y en la educación en las escuelas… sin preguntarse si realmente era eso la causa del problema de una sociedad enferma.

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2 Comentarios

  • manzacosas

    2008/05/20 at 18:03

    Es fácil mover a las masas enfurecidas, y tenemos sobrados ejemplos de ello en nuestra historia. Un saludo

  • El mundo está muy enfermo, yo en honor a mafalda, le tomo la temperatura todos los días y el diagnóstico es descorazonador, snif, snif… mal vamos.

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