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El perro que me olisqueaba

Cada vez que salgo a la calle he de andar con mil ojos, he de estar alerta a todo lo que me rodea, podría no ser lo que aparenta ser. El otro día sin ir mas lejos, a la que fui a comprar el pan a la tienda de doña Manoli, (donde se que el pan es pan) se me acercó un perro con ganas de olisquearme, yo al ver que era el del vecino del tercero, al cual ya lo tenía catalogado, bajé la guardia y dejé que me olisquease la pierna y seguí andando sin reparar que otro perro se me había acercado, ¡craso error el relajarme! cuando me quise dar cuenta el susodicho chucho me había olisqueado y emprendía la huida. Algunos dirán que era porque su amo lo estaba llamando al final de la calle, pero a mi me daba mala espina. Todo esto me recordaba a cuando en un hiper me dieron a probar un poco de jamón serrano por la cara, pero esa es otra historia.

Decidí seguir al can y a su supuesto amo por las calles de mi adorada villa, algo estaban tramando, eso estaba claro. El perro no paraba de olisquear y mear por las esquinas, no obstante lo mas raro era el andar del hombre: tranquilo, como si nada pasara, solo se paraba para llamar a su perro cuando se quedaba rezagado. Llegó el momento en el que el seguirlos sin que ellos se dieran cuenta se volvió complicado, justo como a mi me gusta, demostrando mi habilidad para mimetizarme con el entorno. Habian salido de la zona urbanizada y se estaban dirigiendo a un descampado en el que no había nada, o eso era lo que había pensado hasta el momento, tal vez alguien quiera que creamos eso, no iba a pasar eso por alto.

Algo debió llamar la atención al tío porque se puso a mirar a los lados, ¡Ajá! pensé,- ya ha llegado al sitio secreto- justo cuando el hombre comenzó a bajarse la bragueta del pantalón, ¿guardaría ese hombre algún arma oculta en la entrepierna? buen lugar para esconder cualquier cosa… Esta vez no fue así, el hombre tan solo quería mear. Una vez terminado, se dio la vuelta y pude verle la cara, era el vecino del tercero. Por lo que decidí abandonar el modo camuflarme y abordar al vecino.

-Hola vecino, ¿te has comprado perro nuevo?-

-Buenas Jorge, si, me lo regalaron el otro día  ¿que haces con unas ramas en la cabeza?- Mierda, no había recordado que en la cabeza llevaba todavía el camuflaje, así que salí corriendo para que no descubriese mas cosas de mi método de camuflaje con sus artes interrogatorias.

Bueno, después de esto, ¿a que estáis de acuerdo conmigo? ¿a que no todo es lo que parece? ya… yo pienso lo mismo,  ¿quien tiene dos perros y como si nada? ¿porqué mear en un descampado pudiendo hacerlo en cualquier otro sitio…? y esos son solo dos interrogantes, seguiré vigilando al vecino cuando resuelva el misterio de los aparatos que se ponen en las carnicerias para dar la vez ¿como es que casi siempre la dependienta dice un número y nadie de los presentes lo tiene? ¿a donde van a parar todos esos número que mágicamente desaparecen? ¿que se hacen con ellos?

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