Los países enfermaron de guerra y comenzaron a vomitar sangre. La enfermedad, comenzó lenta, pero no cejó un sólo día en su intención de adueñarse de las almas de todos y cada uno de los aquellos seres miserables. Ellos no se daban cuenta, pero estaba ahí, YO estaba allí.

Como un gusano lentamente me fui abriendo camino dentro de la manzana, campando a mis anchas, engordando, nadie me paraba, nadie me detenía, cada mirada a otro lado, cada insulto velado, cada susurro ponzoñoso, me hizo engordar mas y mas.

La última bomba extraviada cayó en frente de tu casa, estabas mirando por la ventana, el vaho que dejaba tu respiración sobre el cristal, dibujaba la v boca abajo, apareciendo y desapareciendo con cada respiración. Tu mirada al infinito tan solo emborronaba los edificios derruidos, aunque podías distinguir la figura de un árbol a lo lejos, ardiendo, como tu corazón, que latido a latido llevaba sangre a una dolorida cabeza que quería explotar. Una gota de roja corría por tu mejilla, pero daba igual, estabas viendo, como el fuego que quemaba el árbol venía hacia ti, como una horda de fieros Unos dirigidos por Atila, en ese momento tu respiración se había cortado y el choque de la caballería, te hizo caer de espaldas al suelo, te golpeaste la cabeza y lo demás… es historia.