Las emociones humanas habían desaparecido con su cerebro y aquellas gotas de agua que caían sobre su rostro, no la transmitían nada.

Miró al cielo sin poder evitar el preguntarse si antes eso mismo le hubiera hecho sentirse de una forma especial, conocía su pasado, incluso era capaz de actuar igual que su antiguo yo, pero era incapaz de sentir. Todos los recuerdos relevantes de Emna habían sido almacenados para una ocasión como esta, recordaba como había conocido a Adrián, recordaba como de niña se rompió la rodilla al caer de un caballo, recordaba incluso los segundos anteriores a su primera muerte.

laradana

laradana

Las primeras intentonas habían sido un fracaso, sus nuevos cerebros híbridos habían muerto a las dos semanas de ser implantados por la incapacidad de asimilar tantos recuerdos y sentimientos, los doctores determinaron pues en eliminar los sentimientos y dejar solo los recuerdos, con la esperanza de que con el tiempo los primeros nacieran solos.

No fue así, los años pasaron y lo que en su comienzo fue ilusión y esperanza, tornó en desesperación y rechazo, Adrián dijo, que aunque se comportaba y reaccionaba igual a similares situaciones, ella no era ella, no sentía su calor ni en el día a día, ni en la noche. Sus hijos, mas reticentes a abandonarla, hicieron un esfuerzo aún mayor al comprobar que ya no era la madre que cariñosamente los besaba cada vez que los iba a visitar, pero el tiempo y la sensación de que nunca más el viento soplaría para su madre, hizo que tomaran la decisión de abandonarla.

Y ahí se encontraba, de pie, en la mitad del parque al lado de un columpio mecido por el viento y con el cuerpo empapado por la lluvia, tratando de recordar, tratando de sentir, tratando de pensar porqué aquellos que se supone que tenían sentimientos la habían dejado sola.