La oscuridad se le hacía inmensa a medida que los segundos pasaban y el reloj machacaba sus tímpanos con el goteo incesante del paso del tiempo.

Abrió de nuevo los ojos, pero nada, silencio, angustia, otro día mas otra noche.

Se puso la mano delante de la cara, vuelta, con el brazo extendido, la oscuridad que proyectaba recordaba a un pájaro, libre, sin presiones, sin tener que poner siempre buena cara a todo el mundo cuando no se tiene ganas, sin tener que estar de buen humor para todos  a los que tras terminar el día se tiene que rendir cuentas, incluso a uno mismo. Siendo libre de los barrotes que se había impuesto al ir creciendo que para un pájaro solo pueden ser físicos y no sociales ni mentales.

Solo quería estar sobrio… sobrio por un día de esta borrachera que cada día lo levantaba de la cama y cada noche le dejaba resacoso en la cama, sobrio para poder ser el, sobrio para poder elegir, sobrio de la vida diaria…

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