Las palabras llegaron, como si tal cosa, cuando dejó de buscarlas.

Hubiese estado bien acordarse de ellas cuando todos estaban a su al rededor, expectantes, pero se quedó mudo sin saber que decir y con la sensación como si hiciese varios días que no bebía agua, parecía que la lengua le iba a descarnar el paladar a cada pasada y la poca saliva que conseguía tragar hacía que la garganta le fuese doliéndole poco a poco, de la misma manera que te sentirías si tragases un puñado de monedas de céntimos, que solo dejan de doler cuando terminan su periplo en el estómago.

No le cabía en la cabeza cómo se le habían olvidado aquellas palabras que llevaba repitiendo durante años a escondidas. Las había leído por primera vez cuando con catorce años en el bosque escondido en un pequeño agujero que había visto en la pared de una roca por la que había entrado justo, no pudo salir, debido a la extraña forma que tenía la entrada que hacía que se te clavaran las aristas afiladas de la piedra si tratabas de dar la vuelta por donde habías entrado, así que tuvo que empezar a gatear por la grutilla con la esperanza de poder hallar una salida.

Horas estuvo gateando y arrastrándose por la piedra húmeda y fría, dejándose la piel de la palma de las manos, codos y rodillas en el camino. Hasta que al final llegó a una sala un poco mas amplia, donde un rayo de luz entraba por la cúpula. Aunque el agujero por el que la luz entraba era demasiado pequeño como para caber y estaba en lo alto. Así que desesperado se sentó en el suelo esperando tomar fuerzas para empezar a chillar y pedir auxilio.

Así estuvo un rato hasta que reparó que el rayo de luz apuntaba a la pared donde había unos dibujos grabados en la piedra, pero solo podía ver aquellos dibujos que iluminaba el rayo de luz directamente, ya que la oscuridad de la pequeña sala era casi total. Ensimismado en lo que estaba viendo dejó pasar el tiempo y a medida que el sol iba moviéndose podía ver mas historias dibujadas y curiosamente mas actuales en el tiempo; Si las primeras parecían estar trazadas de una forma muy rudimentaria y casi habían sido comidas por el musgo y la humedad, las últimas se veía claramente y se podía ver un trazado muy nítido casi de cómic, tan solo hubo un intervalo de tiempo en el que no pudo ver ningún dibujo, como si hubiera un hueco esperando, tras el cual, se encontraban las palabras que de tantos apuros lo habrían de sacar ese mismo día y en el futuro. Pues esas palabras daban la capacidad de dar vida a lo inerte, de hacer que la dura piedra se moviera de hacer que los troncos muertos de los árboles tomasen la forma de una balsa para descender por el río y llegar al pueblo poco antes de anochecer, de hacer cosas inimaginables…

Fue en el momento en que las palabras le volvieron a llegar, cuando se recordó la misma historia que os acabo de contar, por lo que cogió unos sprays de pintura y unas plantillas cuando dijo.

—Ya es hora de que rellene el hueco vacío con una pintura mas moderna—