Y cuando dio comienzo, aquel pequeño personaje dejó caer su caña mientras él colgaba de la luna

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foto de Michael Dawes

Y cuando dio comienzo, aquel pequeño personaje dejó caer su caña mientras él colgaba de la luna, siempre le había gustado ese tipo de ensoñaciones ¿Cómo sería poder caminar por la luna…?

—¡YE! sal de Babia— dijo el pequeño —Aquí  hemos venido a pescar, no para admirar musarañas—

No le hizo ni caso, siguió viéndose saltando entre cráteres, dejando huellas que quizás durarían siglos, hasta que la fría sensación del agua golpeando su  cabeza le hizo incorporarse de golpe. Miró para todos los lados tratando de ver quien era su atacante, hasta que se dio cuenta que el viejo cascarrabias tenía una herrada en la mano. Se reía como si no lo hubiera hecho en años y estuviera reservándose para este momento.

Cogió sus aperos de pesca, para preparar la jornada y dejó sus ensoñaciones aparcadas para otro momento.

Vilviestre del Pinar en el “street view” de google

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Recientemente, el omnipresente Google ha actualizado sus mapas de españa, por lo que animo a todo el mundo a que se de un  paseo por tales lares y que haga zoom  al máximo en su localidad o barrio, con suerte la podrá reconocer a alguien o encontrarse a si mismo.

En cuanto a Vilviestre, por lo que he visto el coche de Google se paseó por mi pueblo un día de verano bien de mañana, ya que las calles estaban desiertas. Tan solo he visto a dos vecinos y a alguno que tenía que trabajar (poco antes del callejón), creo que aunque tienen las caras emborronadas los reconoceremos todos :-)

bajo la alcantarilla

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Apenas podía hacer nada con las manos, con cada movimiento, con cada gesto, mil agujas se le clavaban en los tejidos. Eso, precisamente eso, fue lo que hizo que se pensase mucho el ahogar a su compañero. Una vez lo hubo hecho, no le bastó  con que dejase de patalear, solo paró cuando sintió que le había partido la tráquea.

Cuando Lanas se despertó en su maltrecha cama se sentía cansado y sin ganas de hacer nada, tal vez fuese por el día gris y triste que se entreveía a través de la alcantarilla. No importaba, ni hoy, ni ningún otro día, tenía que subir a la superficie costase lo que le costase.

Apenas ya bañaba el sol las calles de la ciudad y con cada rayo de luz perdido entre los edificios, el número de las llamadas personas  de bien, iba disminuyendo. Cada día, llegadas ciertas horas, todo el mundo se encontraba en su casa, aislado del mundo exterior, con las ventanas bien bajadas y ocupando su mente con cualquier entretenimiento masivo. Lo curioso de todo, es que cualquiera de ellos te hubiera dicho, que afuera, bajo la luz de la luna, no pasaba nada y eso en verdad, era lo que creían muchos de ellos.

Esa noche tenía un nuevo compañero: un chaval sin padres, no se lo terminaba de creer, seguramente se habría escapado de casa por alguna razón que Lanas no estaba dispuesto a preguntar, tan solo quería que el joven pudiera desenvolverse en ese mundo tan cabrón, que nacía mientras se ocultaba el sol y se encendían las primeras farolas. Lanas no era altruista; una persona joven siempre venía bien como ayudante, en esa primera noche pretendía enseñarle la primera ley de la calle, nunca te fíes de nadie, iba a timarle con la recaudación del día. Lanas se auto excusaba diciéndose, que era una forma de cobrarse las clases y su protección.

La jornada, dedicada a recoger cartones y chatarra había sido fría, aunque tan duro como el frío era dejar todo recogido para que con los primeros rayos de luz natural y las primeras persianas levantadas, las personas que mirasen por la ventana no se dieran cuenta de que por la noche un ejercito de indigentes, había estado limpiando su ciudad, Lanas y los suyos podían seguir haciendo lo que hacían, siempre que no se los viese.

La discusión iba a ser inevitable, estaba enfadado y se sentía timado, no se le iba de la cabeza como se reía mientras se quedaba con gran parte de su poco dinero,  un deseo de venganza le pudo, atacó por sorpresa al que esa noche había sido su mentor y fuertemente apretó su cuello hasta matarlo.

Los diarios y periódicos no hablaron de otra cosa durante semanas, había vida en la calle por las noches, la presión social fue tan grande que las autoridades tuvieron que actuar, primero prohibieron la recogida de cartones y chatarra y luego desalojaron de las alcantarillas a los que allí vivían.

Cuando Soldado se despertó en su maltrecha cama se sentía cansado y sin ganas de hacer nada, tal vez fuese por el día gris y triste que se entreveía a través de los cartones. No importaba, ni hoy, ni ningún otro día, tenía que salir al basurero costase lo que le costase.