bajo la alcantarilla
relatos noviembre 14th, 2009Apenas podía hacer nada con las manos, con cada movimiento, con cada gesto, mil agujas se le clavaban en los tejidos. Eso, precisamente eso, fue lo que hizo que se pensase mucho el ahogar a su compañero. Una vez lo hubo hecho, no le bastó con que dejase de patalear, solo paró cuando sintió que le había partido la tráquea.
Cuando Lanas se despertó en su maltrecha cama se sentía cansado y sin ganas de hacer nada, tal vez fuese por el día gris y triste que se entreveía a través de la alcantarilla. No importaba, ni hoy, ni ningún otro día, tenía que subir a la superficie costase lo que le costase.
Apenas ya bañaba el sol las calles de la ciudad y con cada rayo de luz perdido entre los edificios, el número de las llamadas personas de bien, iba disminuyendo. Cada día, llegadas ciertas horas, todo el mundo se encontraba en su casa, aislado del mundo exterior, con las ventanas bien bajadas y ocupando su mente con cualquier entretenimiento masivo. Lo curioso de todo, es que cualquiera de ellos te hubiera dicho, que afuera, bajo la luz de la luna, no pasaba nada y eso en verdad, era lo que creían muchos de ellos.
Esa noche tenía un nuevo compañero: un chaval sin padres, no se lo terminaba de creer, seguramente se habría escapado de casa por alguna razón que Lanas no estaba dispuesto a preguntar, tan solo quería que el joven pudiera desenvolverse en ese mundo tan cabrón, que nacía mientras se ocultaba el sol y se encendían las primeras farolas. Lanas no era altruista; una persona joven siempre venía bien como ayudante, en esa primera noche pretendía enseñarle la primera ley de la calle, nunca te fíes de nadie, iba a timarle con la recaudación del día. Lanas se auto excusaba diciéndose, que era una forma de cobrarse las clases y su protección.
La jornada, dedicada a recoger cartones y chatarra había sido fría, aunque tan duro como el frío era dejar todo recogido para que con los primeros rayos de luz natural y las primeras persianas levantadas, las personas que mirasen por la ventana no se dieran cuenta de que por la noche un ejercito de indigentes, había estado limpiando su ciudad, Lanas y los suyos podían seguir haciendo lo que hacían, siempre que no se los viese.
La discusión iba a ser inevitable, estaba enfadado y se sentía timado, no se le iba de la cabeza como se reía mientras se quedaba con gran parte de su poco dinero, un deseo de venganza le pudo, atacó por sorpresa al que esa noche había sido su mentor y fuertemente apretó su cuello hasta matarlo.
Los diarios y periódicos no hablaron de otra cosa durante semanas, había vida en la calle por las noches, la presión social fue tan grande que las autoridades tuvieron que actuar, primero prohibieron la recogida de cartones y chatarra y luego desalojaron de las alcantarillas a los que allí vivían.
Cuando Soldado se despertó en su maltrecha cama se sentía cansado y sin ganas de hacer nada, tal vez fuese por el día gris y triste que se entreveía a través de los cartones. No importaba, ni hoy, ni ningún otro día, tenía que salir al basurero costase lo que le costase.







