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¡Se aproxima el fin del mundo!

—¡Se aproxima el fin del mundo! — dijo, mientras se limaba las uñas y en su cara se dibujaba una mueca que no supe interpretar si era de burla exagerada o de dolor.

Por mi mente pasaron mil argumentaciones para tratar de convencerle, pero cuando se llega a la conclusión de que tu oponente, no tiene intención de cambiar de ideas, lo mejor es dejar que pase. A ver si en otro momento se le pilla con la guardia mas baja y atiende a razones.

El mastodonte reticulado (como le llamaban en algún bar de copas) siempre había sido muy dado a ignorar las señales que le rodeaban, por eso estaba yo encima de él siempre que podía, para tratar de que se diera cuenta de lo que le podría suceder si hacía ciertas cosas. Por mucho que se empeñase, la sociedad no había cambiado tanto.

Todo empezó como todo comienza: en el colegio, a muchos chavales les hubiera causado grandes problemas, pero a él no, solía ignorar insidiosos comentarios, incluso no se volvía contra nadie aunque le empujaran, lo llebaba bien, decía que le daba igual. Tan solo le vi pelear una vez contra dos chavales mayores, por causas que me seguirán siendo desconocidas, pero contrario a lo que se podía imaginar, salió victorioso de aquella pelea (Algo tenía que agradecer a su gran tamaño y precoz desarrollo físico) .

Tras esa pelea, el número de burlas descendieron, aunque nunca desaparecieron. Es mas, estoy convencido de que alguno de los que está aquí ahora conmigo, se sigue burlando de él en este momento.

En el trabajo, universidad e instituto, no le fue mucho mejor que en el colegio tras la pelea, pero él decía que eso eran cosas mías, que la gente no le juzgaba, que eso era algo que estaba en mi mente, que el mundo había cambiado.

Tampoco le dio importancia a las cartas amenazantes que llegaron a su buzón hará una semana, le dije que hablase con la policía, que se fuese a vivir a mi casa una temporada, o con sus padres, pero no me hizo caso. Al comienzo de este relato os he dicho que dejé la discusión para otro momento, a ver si le pillaba con la guardia bajada para tratar de convencerlo mas tarde, pues bien, fueron otros los que le pillaron con la guardia bajada.

Al salir de uno de sus bares preferidos le estaban esperando dos chavales mas jóvenes, con bates y puños americanos. No hizo falta que llegara la ambulancia a reanimarlo, cuando lo socorrieron las primeras personas, no se podía hacer nada.

Ahora le veo ahí, tumbado, pálido y con una brecha en la cabeza mal maquillada, pero la imagen que me viene a la mente de él, es aquella de cuando me decía que el mundo había cambiado con su sonrisa de bobalicón, creo que estaba equivocado, pero haré todo lo posible para que deje de estarlo.

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1 Comentario

  • Me ha gustado, porque se escapa un poco a las catástrofes que cabrían esperar a partir de la frase dada. Un gigante bonachón que al menos desde mi punto de vista, sí hizo del mundo un lugar mejor. Un abrazo.

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