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Macrófagos

Aunque no os lo creáis, me pasan cosas realmente extrañas.

Esta vez todo empezó, como todo comienza: por la mañana, nada mas levantarme; A mi me gusta dormir con tapones en lo oídos, para así poder conciliar el sueño mas rápidamente y los últimos días al despertarme, me faltaban los tapones que cada noche antes de dormir ponía en mi oído derecho. Por mucho que los buscase no los encontraba en ninguna parte. Esta vez me faltaban los tapones de los dos oídos, empezaba a preocuparme, llegué a pensar que tal vez por las noches me despertaba sonámbulo y los tiraba a alguna parte.

Toda la mañana dando vueltas al asunto, tratando de ingeniar un sistema de cámaras que me grabase por la noche, a ver si me levantaba sonámbulo o alguien entraba a mi habitación y no tenía otro divertimento, que el quitarme los tapones y luego tirarlos o esconderlos.

Aunque esos pensamientos desaparecieron a medida que desaparecían los cascos que me había introducido en mis cavidades auditivas. En un comienzo sentí algo raro, como que los cascos se estuviesen auto-recolocando, pero no le di mucha importancia, ya que tenía la cabeza (como he comentado)  a otras cosas. Pero primero se dejó de oír el casco derecho, luego el izquierdo  y al darme cuenta como el cable enganchado a mi reproductor de mp3 subía poco a poco, di un tirón del mismo.

Pude ver asombrado como del cable habían desaparecido misteriosamente los cascos. Instintivamente metí los dedos en mis oídos, pero un punzante dolor en las falanges que había introducido, hizo que las sacase casi de inmediato, no sin cierta dificultad, ya que mis oídos estaban ejerciendo una presión bastante fuerte.

No me lo podía creer, mis oídos habían cobrado vida y se habían convertido en unos “macrófagos” insaciables, capaces de alimentarse de lo que sea. Durante días he estado probando con cualquier cosa, piedras, metal, comida… todo, da igual que, todo se lo terminan comiendo, todavía no entiendo muy bien como, pero no dejan ni ristraja.

Cierto es que los días que mas como por las orejas, tengo menos hambre, pero llamadme anticuado, prefiero seguir comiendo por la boca, ya que no entiendo el proceso digestivo que lleva lo que como. Y eso que he llegado a hacer cosas un tanto asquerosas como inspeccionar mis heces, para tratar de averiguar algo. En ocasiones si que encuentro cosas, como partes de los cascos que se comieron, pero otras veces no encuentro nada, parece ser que el plástico no les termina de apasionar del todo y siempre terminan desechando algo, pero metal no suele aparecer casi nunca nada.

Cualquier día iré al médico a que me lo mire, pero mientras, en estas cenas de navideñas, seré el centro de atención con mis trucos de magia. Cuando haga desaparecer las cosas por mis orejas, la gente se va a quedar flipando

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