Home // relatos // Tras la piedra naranja

Tras la piedra naranja

Mientras las gotas de la lluvia le emborronaban la vista a través de las gafas, no paraba de repetir: dos a la izquierda, una a la derecha, subo las escaleras y busco una piedra naranja…. dos a la izquierda, una a la derecha, subo las escaleras y busco una piedra naranja…dos a la izquierda, una a la derecha, subo las escaleras y busco una piedra naranja…. ¿Lo acababa de oír?¿había sido otra de sus voces?,  casi siempre era Pedro el que le hablaba, pero a Pedro ya le tenía cogido el truco, no así a Amanda.

Cuando Amanda estaba con él no sabía cómo tomarse las cosas, no sabía que era cierto o que era falso. Ella era divertida, en ocasiones traviesa, triste, sensual, pero sobre todo esquiva. Si eso era lo que mas le gustaba de ella, no lo sabía, en sus sueños la perseguía, le gustaba sentir su tacto y notar como el corazón se disparaba en su pecho, todavía no la había conseguido besar, pero era cuestión de tiempo, una de estas noches, se decía. El despertar era duro, pero siempre podría volver a dormir, allí algún día sería suya. En la vida real no podía tocarla, podía verla, hablar con ella, pero no tocarla, era algo prohibido, siempre que lo había intentado ella salía corriendo, el, nunca fue buen atleta, nunca la alcanzaba, menos mal que Pedro era como el y se animaban mutuamente.

Con paso inseguro fue andando por la calle desde de donde creía que tenía que partir, ninguna de sus voces se lo habían dicho, simplemente creía que de ahí partía todo. Delante de él apareció Suarez, como salido de la nada, quiso hacer como que no le veía, pero dio igual, el si que le había visto, no dijo nada. Esto si que era raro, Suarez callado y sin meterse con nadie.

Una a la izquierda.

¿Habría sido Suarez el que le había dicho por donde ir? seguro que así había sido y estaba ahí para reírse de el.

Otra a la izquierda.

Ahora llovía con mas fuerza. Esta vez le tocó sacar el paraguas, justo al levantarlo, pudo ver como llegaba corriendo Jonás, el guapo. No podía odiarle mas… no hacía otra cosa que estar detrás de Amanda, SU Amanda… Si no hubiera sido por eso, podría haberle caído bien, caía bien a todo el mundo. El le odiaba, muchas veces cerraba sus ojos y veía el beso de Jonás y Amanda, ella había bebido y no sabía lo que hacía… pero el…. el…. —¿Que pasa muchacho?— Todo el mundo se dirigía a él de la misma manera, no le gustaba, muchacho, ¡pero si era el mayor de la clase! . Ni se molestó en contestarle, que se juntase con Suarez y que le dejasen en paz.

Esta vez a la derecha.

Detrás de la cortina de gotas que dejaba la lluvia, podía ver las escaleras y como tres de sus otras voces le esperaban al pie de las mismas, Alberto el grande, Laura la niña y Rober el… simplemente Rober. Cuando se acercó a ellos, se callaron e hicieron amago de ir a saludarle, pero un gesto de Jonás les hizo cambiar de idea.

Subió las escaleras.

Y ahí estaba Pedro, sentado en una piedra esperando,  al fondo estaba ella. Apresuró su marcha… no recordaba cuando había sido la última vez que él y todas sus voces habían estado juntos, esto tenía que significar algo. No podía significar otra cosa, esta vez podría estar y tocar a Amanda. La distancia se le hizo infinita, ahora estaba solo a dos pasos, Amanda le esperaba. Un paso… y… no pudo ser, otra vez salió corriendo.

La piedra naranja.

Tras el hueco dejado por Amanda, su Amanda. En realidad no era un piedra, era un ladrillo incrustado en un muro de piedras. En fin… si tener a Amanda no era la finalidad de su paseo, sería saber que había ahí. Sus arrugadas manos agarraron el ladrillo y no si esfuerzo logró removerlo.  El ladrillo cayó sobre sus empapadas zapatillas de estar por casa, pero no notó nada, estaba absorto. Detrás del ladrillo había una caja metálica, la abrió.  Ahí estaba la foto, la causante de todo, Alberto el grande, Laura la niña, Pedro el tonel, Jonás el guapo, Suarez el zizañas, Roberto el rober y Amanda, su Amanda, todos posando en una foto, menos el… todos menos el.

Fue un momento fugaz, pero lo recordó,  recordó como siempre le dejaban de lado, como Pedro con lágrimas en los ojos le pedía perdón, pero aún así le tiró por las rocas de detrás de la iglesia y todos pensaron que había sido un accidente, desde ese día Pedro siempre estaría junto a el, recordó como Suarez, pasado un año sufrió el mismo accidente mientras se reía de Pedro y su torpeza, en esa ocasión no estuvo solo, Pedro le ayudó a tirarle. Otro terrible accidente. Recordó como una nochevieja, la misma que la del beso, Alberto, Laura y rober, dejaron conducir el coche al menos experto de los tres tras haber bebido, con la mala suerte de que esa misma noche Suarez les había cortado los frenos del coche. La gente creyó que había sido Jonás quién había cortado los frenos y que por eso se suicidó, pues apareció muerto al día siguiente con un tiro de escopeta en la cabeza. También recordó como tras contárselo a Amanda esta entró en pánico y se tiró por la ventana para huir, otra vez que se le escapaba y no conseguía agarrarla.

Se vió rodeado por todos ellos en ese momento, pero ellos seguían jóvenes y el ya viejo y solo, tratando de recordar que hacía en ese sitio, porqué de la zapatilla parecía salirle un hilo de sangre y por qué en un muro de piedra había un ladrillo incrustado.

Posted in relatos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Para continuar usando este sitio, debes estar de acuerdo en el uso de cookies. mas información

La configuración de cookies en este sitio web está pensada para permitir cookies y así darle la mejor experiencia de navegación posible. Si usted continúa utilizando este sitio web cambie la configuración de cookies (si no desea que se usen) o haga clic en "Aceptar".

Cerrar