Ansiedad

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El alcoholímetro podría haber sido algo innecesario si se hubiese molestado en recordar donde había dejado la cordura aquella noche, pero no hacer otra cosa que amoldar sus brazos a una barra de madera de roble, en la que el paso de los años había dejado diversas irregularidades, le impedía pensar en otra cosa que no fuera en las tormentas solares, encargadas de dejar durante horas o incluso días sin cobertura al nuevo movil que se compró al mudarse a esa ciudad.

El sueño de no poder alcanzar la meta que nunca había existido, pero que siempre espero encontrar, le atormentaba cada noche. vacío, sin rumbo.

Cada vez que se despertaba el rito era el mismo, se miraba en el espejo del baño tras lavarse la cara y trataba de insultarse, pero no podía, ni eso podía hacer. Quería gritar, despertar a los vecinos y que llamasen a la policía, ya que pensarían que se había vuelto loco. Luego, el haría como que no pasaba nada, y… volver a tratar de conciliar el sueño.

Pero esa noche fue diferente, bajo al bar que acababan de abrir el mes pasado, en el cual, coloridos neones iluminaban por la noche unas siluetas de mujeres gárgolas. Vio a los gorilas que flanqueaban la entrada, entrada a la caverna donde la mas variada fauna se internaba aquella noche. La respiración se le aceleró, todo estaba distorsionado, la gente que pasaba a su alrededor estaba animalizada, estaban las hienas en grupo acechando al joven león solitario tras sacar dinero del cajero, las jirafas pisoteaban a las pequeñas gacelas por ser mas bajas… y el, el era un simple perezoso de movimientos lentos.

Decidió beber, beber hasta poder morfearse en algún animal mas llamativo, no sabía qué podría llegar a ser, pero creía que eso tampoco se podía elegir.  La noche fue larga, hasta que las lagunas fueron ocupando zonas en las que debería haber algo mas que recuerdos, tan solo las luces azules de un coche de policía le devolvió a la realidad. También animalizada, pero real.

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Líneas desde una esquina de tetuán

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manricoFue mi avatar, que apareciendo de entre mis sueños tomó su corpórea figura y me señaló el camino a tomar, no me dijo si sería fácil, difícil o todo ello, pero su dedo apuntaba firme en una única dirección, desechadas tras largo discurrir todas las demás alternativas. Ese día mi corazón se paró durante un segundo y pude verme suspendido en el cielo, rodeado de brumas, que ocultaban una infinidad de posibles, posibilidades y de abismos.

Y diciendo un nunca fácil, hasta luego, (nunca adiós) a familia, amigos y compañeros, hice el petate y embarqué rumbo sur, a tierras mas cálidas ocultas tras las montañas, pero sueños, recuerdos, vivencias y futuros coincidieron conmigo en el viaje, aún están conmigo, alcanzo a verlos si levanto la vista del monitor.

Ahora aquí, donde he plantado un pequeño oasis que lucha contra el ardiente sol e inhumano cielo plagado de sombras por la noche, al lado de mi particular Telxínoe que con sus cantos hizo que me acercase a esta costa de asfalto y que hace que cada día sonría un poco mas, escribo estas líneas desde una esquina de tetuán.

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Macrófagos

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Aunque no os lo creáis, me pasan cosas realmente extrañas.

Esta vez todo empezó, como todo comienza: por la mañana, nada mas levantarme; A mi me gusta dormir con tapones en lo oídos, para así poder conciliar el sueño mas rápidamente y los últimos días al despertarme, me faltaban los tapones que cada noche antes de dormir ponía en mi oído derecho. Por mucho que los buscase no los encontraba en ninguna parte. Esta vez me faltaban los tapones de los dos oídos, empezaba a preocuparme, llegué a pensar que tal vez por las noches me despertaba sonámbulo y los tiraba a alguna parte.

Toda la mañana dando vueltas al asunto, tratando de ingeniar un sistema de cámaras que me grabase por la noche, a ver si me levantaba sonámbulo o alguien entraba a mi habitación y no tenía otro divertimento, que el quitarme los tapones y luego tirarlos o esconderlos.

Aunque esos pensamientos desaparecieron a medida que desaparecían los cascos que me había introducido en mis cavidades auditivas. En un comienzo sentí algo raro, como que los cascos se estuviesen auto-recolocando, pero no le di mucha importancia, ya que tenía la cabeza (como he comentado)  a otras cosas. Pero primero se dejó de oír el casco derecho, luego el izquierdo  y al darme cuenta como el cable enganchado a mi reproductor de mp3 subía poco a poco, di un tirón del mismo.

Pude ver asombrado como del cable habían desaparecido misteriosamente los cascos. Instintivamente metí los dedos en mis oídos, pero un punzante dolor en las falanges que había introducido, hizo que las sacase casi de inmediato, no sin cierta dificultad, ya que mis oídos estaban ejerciendo una presión bastante fuerte.

No me lo podía creer, mis oídos habían cobrado vida y se habían convertido en unos “macrófagos” insaciables, capaces de alimentarse de lo que sea. Durante días he estado probando con cualquier cosa, piedras, metal, comida… todo, da igual que, todo se lo terminan comiendo, todavía no entiendo muy bien como, pero no dejan ni ristraja.

Cierto es que los días que mas como por las orejas, tengo menos hambre, pero llamadme anticuado, prefiero seguir comiendo por la boca, ya que no entiendo el proceso digestivo que lleva lo que como. Y eso que he llegado a hacer cosas un tanto asquerosas como inspeccionar mis heces, para tratar de averiguar algo. En ocasiones si que encuentro cosas, como partes de los cascos que se comieron, pero otras veces no encuentro nada, parece ser que el plástico no les termina de apasionar del todo y siempre terminan desechando algo, pero metal no suele aparecer casi nunca nada.

Cualquier día iré al médico a que me lo mire, pero mientras, en estas cenas de navideñas, seré el centro de atención con mis trucos de magia. Cuando haga desaparecer las cosas por mis orejas, la gente se va a quedar flipando

Miradas indiscretas

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foto de Spuz

foto de Spuz

Al principio no me di ni cuenta, absorto yo en mi mundo, pero la tercera vez que cacé una mirada furtiva dirigida hacia mi persona, hizo que me envalentonase.

Toda esa gente fijándose en mi, incluso esa chica, que al pasar frente a mis ojos, movía rítmicamente la cabeza, en gesto de aprobación. Algún carraspeo, de gente carca, quería hacer frente al solo de móvil, no pudo con el.

Tan solo lo calló el fin de trayecto de autobús, pues no me gusta oir música mientras camino. No quiero molestar a la gente que pasea tranquilamente.

Invadidos

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Y la invasión dio comienzo.

foto realizada por

foto realizada por copepodo

Nadie pudo hacer frente a una armada alienígena tan poderosa. Ni siquiera el arma secreta desarrollada por China, ni siquiera el arma secreta desarrollada por Rusia; lo mismo que otras tantas armas desarrolladas por otros tantos países supusieron alguna ventaja. No había nada que hacer, sabían exactamente donde atacar, que hacer y como coordinar a sus ejércitos a la perfección.

Cuando los terrícloas nos dimos  cuenta que las zapatillas colgadas de los cables, eran los puntos que les servían de guía, nadie pudo hacer nada.

PS: Con esta entrada doy por inaugurada una nueva sección de micro relatos, a ver si la mantengo durante una buena temporada :-)

Desde lo alto de la loma, vio asustado como la niebla penetraba incluso en las casas

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Desde lo alto de la loma, vio asustado como la niebla penetraba incluso en las casas. Estaba empezando a amanecer y casi con toda seguridad habría pillado a todo el mundo durmiendo. No esperaba encontrarse con eso al volver a su hogar. Había oído hablar de este fenómeno en otros valles, pero el suyo estaba muy al norte como para preocuparse, el clima en teoría, no era propicio para este tipo de fenómenos.

foto realizada por Sergio_One

El recordar la historia que hacía un año le había contado un grupo de desplazados por la niebla, le hizo abandonar su estado de crisálida y ponerse a correr como un loco colina abajo hasta detenerse en el pilón donde tantas veces de niño había llevado el ganado.

En esta época las vacas deberían estar pastando en lo alto de la montaña, pero el efecto que la niebla tenía sobre estos rumiantes había hecho que bajaran al valle, acudiendo a su llamada como si fueran ratas y la niebla el flautista de cierto pueblo alemán. Observando hipnotizadas aquel bello pero letal mar de algodones, que poco a poco engullía el pueblo, podían pasar todo el día, solo apartaron la mirada del fondo blanco cuando el ruido que hizo Óscar al entrar de golpe en el pilón, interrumpió al silencio, dueño y señor hasta aquel momento.

Con la ropa empapada en agua y la cabeza bien cubierta por trapos igual de mojados, se lanzó a bucear en la niebla. Si en un principio, con los primeros pasos, la visibilidad era bastante buena, al llegar a las primeras casas se sentía como un ciego sin su lazarillo, cerró los ojos pues le daba igual el tenerlos abiertos, además la acidez que flotaba en el ambiente le hacía temer que perdería la vista si los tenía mas tiempo abiertos.

Esperaba poder recordar como estaban dispuestas las casas y las calles, pues llegar rápido a su casa era lo único que le ocupaba la mente, ya se preocuparía de los demás vecinos mas adelante. Al llegar a la que creyó que era su casa llamó a la puerta pero nadie se la abrió. Golpeó con el hombro y dio patadas infinitas veces a la puerta tratando de tirarla, pero el roble macizo solo se doblega ante el fuego o un hacha bien afilada.

Extenuado de tanto esfuerzo se dejó, se rindió, se sentó con espalda apoyada en la pared esperando que su ropa empezara a deshacerse como un diente de león azuzado por el viento, fue en ese momento cuando un grupo de personas con escafandras llegaron a rescatarlo.

Días después mientras se recuperaba de las quemaduras causadas por el ácido y desde el campamento de primeros auxilios que habían formado sus salvadores, en lo alto de la loma, vio asustado como la niebla había derruido incluso alguna de las casas.

PD: dedicado este post al amigo Fer Ibeas, lo prometido es deuda :-)

¡Se aproxima el fin del mundo!

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—¡Se aproxima el fin del mundo! — dijo, mientras se limaba las uñas y en su cara se dibujaba una mueca que no supe interpretar si era de burla exagerada o de dolor.

Por mi mente pasaron mil argumentaciones para tratar de convencerle, pero cuando se llega a la conclusión de que tu oponente, no tiene intención de cambiar de ideas, lo mejor es dejar que pase. A ver si en otro momento se le pilla con la guardia mas baja y atiende a razones.

El mastodonte reticulado (como le llamaban en algún bar de copas) siempre había sido muy dado a ignorar las señales que le rodeaban, por eso estaba yo encima de él siempre que podía, para tratar de que se diera cuenta de lo que le podría suceder si hacía ciertas cosas. Por mucho que se empeñase, la sociedad no había cambiado tanto.

Todo empezó como todo comienza: en el colegio, a muchos chavales les hubiera causado grandes problemas, pero a él no, solía ignorar insidiosos comentarios, incluso no se volvía contra nadie aunque le empujaran, lo llebaba bien, decía que le daba igual. Tan solo le vi pelear una vez contra dos chavales mayores, por causas que me seguirán siendo desconocidas, pero contrario a lo que se podía imaginar, salió victorioso de aquella pelea (Algo tenía que agradecer a su gran tamaño y precoz desarrollo físico) .

Tras esa pelea, el número de burlas descendieron, aunque nunca desaparecieron. Es mas, estoy convencido de que alguno de los que está aquí ahora conmigo, se sigue burlando de él en este momento.

En el trabajo, universidad e instituto, no le fue mucho mejor que en el colegio tras la pelea, pero él decía que eso eran cosas mías, que la gente no le juzgaba, que eso era algo que estaba en mi mente, que el mundo había cambiado.

Tampoco le dio importancia a las cartas amenazantes que llegaron a su buzón hará una semana, le dije que hablase con la policía, que se fuese a vivir a mi casa una temporada, o con sus padres, pero no me hizo caso. Al comienzo de este relato os he dicho que dejé la discusión para otro momento, a ver si le pillaba con la guardia bajada para tratar de convencerlo mas tarde, pues bien, fueron otros los que le pillaron con la guardia bajada.

Al salir de uno de sus bares preferidos le estaban esperando dos chavales mas jóvenes, con bates y puños americanos. No hizo falta que llegara la ambulancia a reanimarlo, cuando lo socorrieron las primeras personas, no se podía hacer nada.

Ahora le veo ahí, tumbado, pálido y con una brecha en la cabeza mal maquillada, pero la imagen que me viene a la mente de él, es aquella de cuando me decía que el mundo había cambiado con su sonrisa de bobalicón, creo que estaba equivocado, pero haré todo lo posible para que deje de estarlo.

Y cuando dio comienzo, aquel pequeño personaje dejó caer su caña mientras él colgaba de la luna

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foto de Michael Dawes

Y cuando dio comienzo, aquel pequeño personaje dejó caer su caña mientras él colgaba de la luna, siempre le había gustado ese tipo de ensoñaciones ¿Cómo sería poder caminar por la luna…?

—¡YE! sal de Babia— dijo el pequeño —Aquí  hemos venido a pescar, no para admirar musarañas—

No le hizo ni caso, siguió viéndose saltando entre cráteres, dejando huellas que quizás durarían siglos, hasta que la fría sensación del agua golpeando su  cabeza le hizo incorporarse de golpe. Miró para todos los lados tratando de ver quien era su atacante, hasta que se dio cuenta que el viejo cascarrabias tenía una herrada en la mano. Se reía como si no lo hubiera hecho en años y estuviera reservándose para este momento.

Cogió sus aperos de pesca, para preparar la jornada y dejó sus ensoñaciones aparcadas para otro momento.

bajo la alcantarilla

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Apenas podía hacer nada con las manos, con cada movimiento, con cada gesto, mil agujas se le clavaban en los tejidos. Eso, precisamente eso, fue lo que hizo que se pensase mucho el ahogar a su compañero. Una vez lo hubo hecho, no le bastó  con que dejase de patalear, solo paró cuando sintió que le había partido la tráquea.

Cuando Lanas se despertó en su maltrecha cama se sentía cansado y sin ganas de hacer nada, tal vez fuese por el día gris y triste que se entreveía a través de la alcantarilla. No importaba, ni hoy, ni ningún otro día, tenía que subir a la superficie costase lo que le costase.

Apenas ya bañaba el sol las calles de la ciudad y con cada rayo de luz perdido entre los edificios, el número de las llamadas personas  de bien, iba disminuyendo. Cada día, llegadas ciertas horas, todo el mundo se encontraba en su casa, aislado del mundo exterior, con las ventanas bien bajadas y ocupando su mente con cualquier entretenimiento masivo. Lo curioso de todo, es que cualquiera de ellos te hubiera dicho, que afuera, bajo la luz de la luna, no pasaba nada y eso en verdad, era lo que creían muchos de ellos.

Esa noche tenía un nuevo compañero: un chaval sin padres, no se lo terminaba de creer, seguramente se habría escapado de casa por alguna razón que Lanas no estaba dispuesto a preguntar, tan solo quería que el joven pudiera desenvolverse en ese mundo tan cabrón, que nacía mientras se ocultaba el sol y se encendían las primeras farolas. Lanas no era altruista; una persona joven siempre venía bien como ayudante, en esa primera noche pretendía enseñarle la primera ley de la calle, nunca te fíes de nadie, iba a timarle con la recaudación del día. Lanas se auto excusaba diciéndose, que era una forma de cobrarse las clases y su protección.

La jornada, dedicada a recoger cartones y chatarra había sido fría, aunque tan duro como el frío era dejar todo recogido para que con los primeros rayos de luz natural y las primeras persianas levantadas, las personas que mirasen por la ventana no se dieran cuenta de que por la noche un ejercito de indigentes, había estado limpiando su ciudad, Lanas y los suyos podían seguir haciendo lo que hacían, siempre que no se los viese.

La discusión iba a ser inevitable, estaba enfadado y se sentía timado, no se le iba de la cabeza como se reía mientras se quedaba con gran parte de su poco dinero,  un deseo de venganza le pudo, atacó por sorpresa al que esa noche había sido su mentor y fuertemente apretó su cuello hasta matarlo.

Los diarios y periódicos no hablaron de otra cosa durante semanas, había vida en la calle por las noches, la presión social fue tan grande que las autoridades tuvieron que actuar, primero prohibieron la recogida de cartones y chatarra y luego desalojaron de las alcantarillas a los que allí vivían.

Cuando Soldado se despertó en su maltrecha cama se sentía cansado y sin ganas de hacer nada, tal vez fuese por el día gris y triste que se entreveía a través de los cartones. No importaba, ni hoy, ni ningún otro día, tenía que salir al basurero costase lo que le costase.

cuentacuentos: Sólo tenía una certeza: la culpa la había tenido aquél libro.

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Sólo tenía una certeza: la culpa la había tenido aquél libro. Todo lo que le había sucedido estos días no tenía nada que ver con él, ni con su enfermedad. Cuando lo pillaron tratando de matar a la mujer de su mejor amigo, lo metieron en un centro especial para casos como el suyo y aunque no tardó mucho tiempo en escaparse, el poco tiempo que permaneció dentro le ayudó a reflexionar sobre todo lo que le había sucedido desde que leyó dicho libro, aquellos recuerdos que como bloques de cemento se habían hundido en el lago de sus recuerdos, ahora estaban saliendo a flote.

Pero la misma medicina que le hacía recordar le dejaba extenuado, dormía mas que respiraba y en el poco tiempo que estaba despierto, apenas podía mover el cuerpo ya que se sentía abotagado al realizar el mínimo movimiento. Sabía que en cuanto supiera como engañar a los que le cuidaban de que se estaba tomando la medicación, el huir de aquella cárcel sería relativamente fácil, lo difícil sería recordar todo lo que deseaba hacer una vez hubiera salido. Y así fue, en la noche de su huida, tan solo hacía dos semanas que había dejado de tomar la medicación, desde entonces el tiempo que antes pasaba durmiendo lo empleó en recordar, tumbado en su cama, sin levantar sospechas y pensando una y otra vez en lo mismo, para no olvidar.

Como había esperado, la salida fue sencilla, solo tuvo que inmovilizar a un celador y aunque  le costó no matarlo, solo le dejó inconsciente (esas dos semanas únicamente pensando, le habían dado algo mas de autocontrol), tras esto, abrir un par de puertas para terminar en la calle, fue pan comido.

Lo primero que hizo al llegar a su casa fue quitar el cordón policial, pues al detenerlo inspeccionaron su casa y encontraron los cadáveres de sus padres pudriéndose junto al de su amigo Jon. Lo había tenido que matar a él también, había visto a sus padres muertos, no quería que lo delatase, ni que hiciera preguntas incómodas. Lo que todavía no entendía es porqué sus padres quisieron matarlo y porqué lo drogaban todos los días para que no se enterase de nada. Daba igual, la respuesta seguro que estaba en aquel libro, era lo único que no podía recordar, ¿qué había en aquel libro? ¿Qué le había echo volverse así?

Al llegar a la habitación donde sus padres habían permanecido durante días muertos, tan solo le recorrió un escalofrío, no sabía muy bien por qué, pero la muerte de sus padres no le causaba ningún sentimiento, sin embargo, mientras estuvo medicado no soportaba el dolor de haberlos matado, aunque lo mitigaba diciéndose que había sido en defensa propia.

Ahí estaban los charcos de sangre, al pié de la cama de sus padres, algo que al principio no le extraño.

Trató de no pisar las manchas de sangre seca que cubrían casi toda la alfombra, alfombra que había sido comprada por él como regalo para sus padres en un viaje que hizo de joven a Turquía, hacía ya muchos años. Toda la habitación estaba decorada al estilo árabe, tan solo desentonaba un cuadro casi descolorido de la virgen que se encontraba sobre el cabecero de la cama. Al fijarse en esto, se dio cuenta que algo no cuadraba, pues creía recordar que había matado a sus padres en defensa propia, cuando trataron de asfixiarlo mientras dormía… si era así ¿cómo es que la habitación de sus padres estaba llena de sangre? ¿acaso la historia no era real? en un comienzo no podía creérselo, pero poco a poco los recuerdos reales se le mostraron con toda su crudeza, vio como fue él, el que trató de ahogar primero a su madre, vio como su padre al despertarse trató de dispararle con la pistola que guardaba bajo la almohada, también vio como este vaciló al ver que era su hijo al que iba a matar. Ese vacile le costó la vida.

No podía soportar todas aquellas imágenes que se le agolpaban en el cerebro, lo que hubiera en el libro ya le daba igual. Comenzó a golpearse fuertemente la cabeza contra las paredes de la habitación hasta que empezó a marearse por la pérdida de sangre y los fuertes golpes. Para luego acurrucado de la forma que creía que había muerto su madre, empezar a tomar todas las pastillas que en dos semanas había escondido.

Y ahí se quedó, acurrucado sobre la cama, sangrando por la cabeza y tratando de morir a base de pastillas.

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