Caida, Curvata, resurgo. Ep3

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¿Cuánto tiempo puede tardar el cuerpo de una persona en caer desde un décimo piso? A ojos de cualquier observador externo seguro que se podría definir como algo fugaz o breve.

Diego no sabría decirlo, el primer instante fue confuso, la velocidad que llevaba no fue solo suficiente como para romper la ventana si no que se estampó contra la pared del edificio de enfrente que se encontraba a mas de tres metros de distancia.

caidaEl aire le daba en la cara, cerro los ojos, puso sus brazos en cruz y disfrutó de la caída, el tiempo se detuvo. Era como estar sentado en el banco del parque, apoyando la espalda lo justo para dejar el cuello colgando hacia atrás. Tiempo, tiempo… no tuvo ningún flash en el que se le mostrase su vida pasada, ni siquiera una epifanía con el significado de la vida, solo disfrutó del viaje, un viaje agradable, hasta el final que terminó con un golpe sordo. ¿ Después? un zumbido.

Desde la ventana pudieron ver como se cayó y cuando se empezaron a acabar las risas, vieron como se incorporaba y se ponía a correr. En el pavimento no había ni sangre, solo un pequeño pozo.

Ordoñez no podía creer lo que estaba viendo, no era la primera vez que alguien desesperado saltaba por la ventana temiendo lo que pudiera hacerle la policía estatal, pero si era la primera vez que veía a una persona quedar indemne después de eso.

En la comisaría al explicar lo sucedido tuvo suerte que no había estado solo durante la intervención y pudieron creerle. De no ser así, hubiera quedado en entredicho y hubiese empezado una investigación sobre si podía continuar su trabajo. De todas formas, la fortuna hoy jugaba en su bando, la elección de la víctima tras la explosión había sido mas que perfecta. Había que cargar las culpas a alguien y como los verdaderos artífices habían huido fueron a por el primer pringado que andaba por la zona. Si no hubiera entrado en una casa precintada, pudiera haber sido otra persona, pero ahora Diego era su principal objetivo, debían averiguar que es lo que había pasado para que sobreviviese sin ningún rasguño.

Mientras, Diego corría y corría sin saber a donde dirigirse.

 

Foto de Andrés Solano

Hogar. Curvata, resurgo. Ep2

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—Disculpe, señor… disculpe— Para entonces, hacía días que el gorrión había volado de la ventana— debe saber que ya hemos ejecutado el crédito y que debido a la falta de liquidez en su cuenta debe abandonar el hospital, si desea que le entreguemos la prueba génica realizada deberá abonarnos la cantidad de… ¿me está oyendo? —

—Si, le oigo, pero da igual, ustedes ya han actuado sin mi consentimiento, que mas da…—

asfalto

Amaneció. Silencio, como cada día en los últimos 30 días, roto por la monótona tos de su único compañero de habitación. Seis camas vacías, solo dos ocupadas y justo la suya era la que en peor estado se encontraba, espatarrada y completamente hundida por el centro. Hoy abandonaba el hospital. Se puso su ropa, cogió los cuatro papeles que le había dado un supuesto médico y se marchó. Los pasillos del hospital vacíos, nadie se encontraba de vigilancia en aquella planta, tan solo un paciente anciano al final del pasillo, agarrado a una barra de hierro, de la que colgaba algo que podría ser suero y que iba perdiendo gota a gota  su contenido en el suelo —Suerte ahí fuera— le dijo a la vez que se miraba los pies descalzos hundidos en el charco dejado por el suero.

Un desolado paisaje le esperaba fuera del hospital nada ni nadie,la gente que antaño poblaba las calles había sido sustituida por las plantas, estas se estaban empezando a abrir camino en lo que antes fue un resistente asfalto, el árbol mas grande no mediría mas de dos metros, pero había llegado para quedarse. Una explosión se oyó lejos, muy débil. Pronto hizo acto de presencia una columna de humo tímida entre los edificios, provenía de un barrio cercano a su casa, dar un pequeño rodeo era la mejor opción si no quería encontrarse con problemas.

El trayecto que otras veces no le hubiera llevado mas de una hora (rodeo incluido), esta vez le llevó mas de cuatro horas, se sentía extremadamente pesado, cansado y con un hambre atroz , al principio se resistió, pero con la idea de engañar al hambre tras llevar mas de dos horas andando, empezó a morder los brotes de las ramas, para terminar comiéndoselos, hojas incluidas, le daba igual que le sentasen mal al estómago el hambre era insoportable. Había tratado de entrar en un par de tiendas de comestibles, pero se encontraban cerradas, con los dueños fuertemente armados dentro, la explosión había sido muy cercana y cuando eso pasaba nadie se fiaba de nadie, no era plato de gusto tener una visita de la policía estatal. Además no sabía con que iba a poder pagar, en el hospital le habían quitado todo su dinero.

Por fín llegó a su casa, se encontraba precintada, cada vez se daban mas prisa en ejecutar las deudas, aunque estaba casi seguro que el precio por el que habían tasado su casa no daba para pagar todo lo que debía al hospital.  Arrancó los precintos y entró, se la encontró vacía, solo habían dejado unas latas de comida en el suelo de la cocina que rápidamente se puso a comer. Mirando por la ventana, ya con el hambre casi saciada y rodeado de una treintena de latas vacías, pudo ver como un policía de las fuerzas especiales entraba por la ventana describiendo un arco perfecto con su trayectoria descendente desde el piso superior.

El golpe con los dos pies del policía que recibió en el pecho fue fuerte, pero apenas le movió del sitio. Por la puerta entraban cuatro policías corriendo hacia Diego. No sabía por qué iban a por el, tampoco quería saberlo, pero decidió tratar de escapar, aunque correr nunca había sido su mayor don, pero se quedó sorprendido por su velocidad y fuerza, como si de un jugador de rugby de mas de 200Kg se tratase cargó contra la policiá y los fue arrollando a su paso  sin detener la marcha en ningún momento. Tan sorprendido se quedó que mientras miraba hacia atrás para ver si le seguían, no se dio cuenta de que se estaba dirigiendo a la ventana del pasillo y cuando se dio cuenta, ya era tarde, se encontraba en caida libre desde un décimo piso.

….Continua….

Foto de Manel

Gorrión. Curvata, resurgo. Ep1

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Sentado en el banco del parque, apoyando la espalda lo justo para dejar el cuello colgando hacia atrás, con los ojos cerrados. Solo oía a los perros ladrar mientras paseaban a sus dueños y de cuando en cuando, las sirenas del parque de bomberos cercano ponían la monótona banda sonora a otro día, ni pájaros, ni niños chillando, solo su silencio.

Era como mejor se sentía, esa postura le permitía pensar mas claramente, la mejor manera de evitar distracciones y conseguir centrarse en algo, en lo que fuera. Podía pasarse horas, en mas de una ocasión el entumecimiento de cuello era tal que no recuperaba la movilidad completa del mismo hasta que no despertaba al día siguiente.

Hoy debería estar ya en casa, pero no le apetecía ir, además estaba pensando como plantear el hecho de volver a estar sin trabajo. El poco dinero ahorrado no sería suficiente para vivir hasta que volviese a encontrar de nuevo un trabajo y la situación llevaba siendo la misma en los últimos 20 años para mucha gente. Le daba igual, si conoció un mundo mejor no se acordaba de ello. Decidió pues acercarse donde Arcadio, un sin techo bastante paranoico, pero que siempre le ayudaba en la toma de decisiones.

Arcadio merodeaba siempre por el parque escondido a los ojos de extraños, nunca quieto, salvo de ocho a nueve de la tarde, esa era la hora en la que le gustaba escuchar y sobre todo ser escuchado. El lugar de reunión era a los pies de un roble milenario, árbol de gran tronco aunque con una oquedad en la base, donde Arcadio se incrustaba, como si formara parte del roble. Decía que era el único lugar donde nadie le podría atacar por la espalda. Aquella tarde no estaba ninguno de los habituales, solo había un hombre de unos 50 años sentado en el suelo y de unos rasgos muy parecidos a Arcadio pero mil veces mejor conservado y vestido.

—¿Dónde está Arcadio?— Dijo el hombre extraño mientras se levantaba del suelo, con un tono que indicaba mas urgencia que duda.

—Ehh… no se donde está, venía buscándole— Dijo Diego a  aquel hombre, a la vez que se detenía por la sorpresa que suponía no encontrar lo que iba buscando —Supongo que estará por llegar, aunque nunca se retrasa—

—¿Eres su amigo?—

—No creo que tenga amigos, ni siquiera puedo decir que le conozco bien— Diego empezaba a sentirse incómodo, pues el hombre se le estaba acercando demasiado.

—Yo fui su amigo hace años ¿A ti también te da consejos?— Dijo acercándose a menos de medio metro.

—A eso venía, hoy los necesito especialmente— Dijo mientras se daba la vuelta, pero sin perder de vista a su interlocutor —pero tendrá que ser otro día—

—Entonces puedo darte esto, si confía en ti para darte consejos, seguro que esto…. que te puedo dar esto.— En ese momento se oyó el canto de un pájaro, Diego quedó inmóvil, no se había fijado que donde había estado sentado con anterioridad el hombre había una jaula mal tapada con un abrigo. Si se fijó en la aguja que tenía este en la mano izquierda, pero no pudo evitar que se la clavase en la yugular, con una rapidez y precisión extraordinarias. En un intento de quitarse la jeringa se había llevado las manos al cuello , pero entonces la parálisis no fue por la sorpresa de haber oído a un pájaro, primero fueron las manos las que se quedaron inmóviles, luego las piernas quisieron no responderle, para terminar por el resto del cuerpo. Con cada latido el cuello se le iba hinchando impidiéndole respirar. Se estaba ahogando con sus propias manos.Gorrion

Al caer de espaldas semiinconsciente, fue cuando el hombre le quitó las manos del cuello.

Lo siguiente fue despertarse en la sala de un hospital, el reloj marcaba las 20:07, por lo que por lo menos había pasado un día desde que cayó inconsciente. Giró la cabeza hacia la destartalada ventana y ahí estaba, un gorrión. ¿Cómo era posible? el otro día oye un pájaro y hoy veía uno en la ventana de un hospital. En ese momento le vino a la memoria la última vez que vio un pájaro, fue con 10 años mientras ayudaba a su padre a limpiar las jaulas del zoologico.

….Continua….

Ansiedad

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El alcoholímetro podría haber sido algo innecesario si se hubiese molestado en recordar donde había dejado la cordura aquella noche, pero no hacer otra cosa que amoldar sus brazos a una barra de madera de roble, en la que el paso de los años había dejado diversas irregularidades, le impedía pensar en otra cosa que no fuera en las tormentas solares, encargadas de dejar durante horas o incluso días sin cobertura al nuevo movil que se compró al mudarse a esa ciudad.

El sueño de no poder alcanzar la meta que nunca había existido, pero que siempre espero encontrar, le atormentaba cada noche. vacío, sin rumbo.

Cada vez que se despertaba el rito era el mismo, se miraba en el espejo del baño tras lavarse la cara y trataba de insultarse, pero no podía, ni eso podía hacer. Quería gritar, despertar a los vecinos y que llamasen a la policía, ya que pensarían que se había vuelto loco. Luego, el haría como que no pasaba nada, y… volver a tratar de conciliar el sueño.

Pero esa noche fue diferente, bajo al bar que acababan de abrir el mes pasado, en el cual, coloridos neones iluminaban por la noche unas siluetas de mujeres gárgolas. Vio a los gorilas que flanqueaban la entrada, entrada a la caverna donde la mas variada fauna se internaba aquella noche. La respiración se le aceleró, todo estaba distorsionado, la gente que pasaba a su alrededor estaba animalizada, estaban las hienas en grupo acechando al joven león solitario tras sacar dinero del cajero, las jirafas pisoteaban a las pequeñas gacelas por ser mas bajas… y el, el era un simple perezoso de movimientos lentos.

Decidió beber, beber hasta poder morfearse en algún animal mas llamativo, no sabía qué podría llegar a ser, pero creía que eso tampoco se podía elegir.  La noche fue larga, hasta que las lagunas fueron ocupando zonas en las que debería haber algo mas que recuerdos, tan solo las luces azules de un coche de policía le devolvió a la realidad. También animalizada, pero real.

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Líneas desde una esquina de tetuán

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manricoFue mi avatar, que apareciendo de entre mis sueños tomó su corpórea figura y me señaló el camino a tomar, no me dijo si sería fácil, difícil o todo ello, pero su dedo apuntaba firme en una única dirección, desechadas tras largo discurrir todas las demás alternativas. Ese día mi corazón se paró durante un segundo y pude verme suspendido en el cielo, rodeado de brumas, que ocultaban una infinidad de posibles, posibilidades y de abismos.

Y diciendo un nunca fácil, hasta luego, (nunca adiós) a familia, amigos y compañeros, hice el petate y embarqué rumbo sur, a tierras mas cálidas ocultas tras las montañas, pero sueños, recuerdos, vivencias y futuros coincidieron conmigo en el viaje, aún están conmigo, alcanzo a verlos si levanto la vista del monitor.

Ahora aquí, donde he plantado un pequeño oasis que lucha contra el ardiente sol e inhumano cielo plagado de sombras por la noche, al lado de mi particular Telxínoe que con sus cantos hizo que me acercase a esta costa de asfalto y que hace que cada día sonría un poco mas, escribo estas líneas desde una esquina de tetuán.

Foto de papadont

Macrófagos

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Aunque no os lo creáis, me pasan cosas realmente extrañas.

Esta vez todo empezó, como todo comienza: por la mañana, nada mas levantarme; A mi me gusta dormir con tapones en lo oídos, para así poder conciliar el sueño mas rápidamente y los últimos días al despertarme, me faltaban los tapones que cada noche antes de dormir ponía en mi oído derecho. Por mucho que los buscase no los encontraba en ninguna parte. Esta vez me faltaban los tapones de los dos oídos, empezaba a preocuparme, llegué a pensar que tal vez por las noches me despertaba sonámbulo y los tiraba a alguna parte.

Toda la mañana dando vueltas al asunto, tratando de ingeniar un sistema de cámaras que me grabase por la noche, a ver si me levantaba sonámbulo o alguien entraba a mi habitación y no tenía otro divertimento, que el quitarme los tapones y luego tirarlos o esconderlos.

Aunque esos pensamientos desaparecieron a medida que desaparecían los cascos que me había introducido en mis cavidades auditivas. En un comienzo sentí algo raro, como que los cascos se estuviesen auto-recolocando, pero no le di mucha importancia, ya que tenía la cabeza (como he comentado)  a otras cosas. Pero primero se dejó de oír el casco derecho, luego el izquierdo  y al darme cuenta como el cable enganchado a mi reproductor de mp3 subía poco a poco, di un tirón del mismo.

Pude ver asombrado como del cable habían desaparecido misteriosamente los cascos. Instintivamente metí los dedos en mis oídos, pero un punzante dolor en las falanges que había introducido, hizo que las sacase casi de inmediato, no sin cierta dificultad, ya que mis oídos estaban ejerciendo una presión bastante fuerte.

No me lo podía creer, mis oídos habían cobrado vida y se habían convertido en unos “macrófagos” insaciables, capaces de alimentarse de lo que sea. Durante días he estado probando con cualquier cosa, piedras, metal, comida… todo, da igual que, todo se lo terminan comiendo, todavía no entiendo muy bien como, pero no dejan ni ristraja.

Cierto es que los días que mas como por las orejas, tengo menos hambre, pero llamadme anticuado, prefiero seguir comiendo por la boca, ya que no entiendo el proceso digestivo que lleva lo que como. Y eso que he llegado a hacer cosas un tanto asquerosas como inspeccionar mis heces, para tratar de averiguar algo. En ocasiones si que encuentro cosas, como partes de los cascos que se comieron, pero otras veces no encuentro nada, parece ser que el plástico no les termina de apasionar del todo y siempre terminan desechando algo, pero metal no suele aparecer casi nunca nada.

Cualquier día iré al médico a que me lo mire, pero mientras, en estas cenas de navideñas, seré el centro de atención con mis trucos de magia. Cuando haga desaparecer las cosas por mis orejas, la gente se va a quedar flipando

Miradas indiscretas

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foto de Spuz

foto de Spuz

Al principio no me di ni cuenta, absorto yo en mi mundo, pero la tercera vez que cacé una mirada furtiva dirigida hacia mi persona, hizo que me envalentonase.

Toda esa gente fijándose en mi, incluso esa chica, que al pasar frente a mis ojos, movía rítmicamente la cabeza, en gesto de aprobación. Algún carraspeo, de gente carca, quería hacer frente al solo de móvil, no pudo con el.

Tan solo lo calló el fin de trayecto de autobús, pues no me gusta oir música mientras camino. No quiero molestar a la gente que pasea tranquilamente.

Invadidos

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Y la invasión dio comienzo.

foto realizada por

foto realizada por copepodo

Nadie pudo hacer frente a una armada alienígena tan poderosa. Ni siquiera el arma secreta desarrollada por China, ni siquiera el arma secreta desarrollada por Rusia; lo mismo que otras tantas armas desarrolladas por otros tantos países supusieron alguna ventaja. No había nada que hacer, sabían exactamente donde atacar, que hacer y como coordinar a sus ejércitos a la perfección.

Cuando los terrícloas nos dimos  cuenta que las zapatillas colgadas de los cables, eran los puntos que les servían de guía, nadie pudo hacer nada.

PS: Con esta entrada doy por inaugurada una nueva sección de micro relatos, a ver si la mantengo durante una buena temporada :-)

Desde lo alto de la loma, vio asustado como la niebla penetraba incluso en las casas

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Desde lo alto de la loma, vio asustado como la niebla penetraba incluso en las casas. Estaba empezando a amanecer y casi con toda seguridad habría pillado a todo el mundo durmiendo. No esperaba encontrarse con eso al volver a su hogar. Había oído hablar de este fenómeno en otros valles, pero el suyo estaba muy al norte como para preocuparse, el clima en teoría, no era propicio para este tipo de fenómenos.

foto realizada por Sergio_One

El recordar la historia que hacía un año le había contado un grupo de desplazados por la niebla, le hizo abandonar su estado de crisálida y ponerse a correr como un loco colina abajo hasta detenerse en el pilón donde tantas veces de niño había llevado el ganado.

En esta época las vacas deberían estar pastando en lo alto de la montaña, pero el efecto que la niebla tenía sobre estos rumiantes había hecho que bajaran al valle, acudiendo a su llamada como si fueran ratas y la niebla el flautista de cierto pueblo alemán. Observando hipnotizadas aquel bello pero letal mar de algodones, que poco a poco engullía el pueblo, podían pasar todo el día, solo apartaron la mirada del fondo blanco cuando el ruido que hizo Óscar al entrar de golpe en el pilón, interrumpió al silencio, dueño y señor hasta aquel momento.

Con la ropa empapada en agua y la cabeza bien cubierta por trapos igual de mojados, se lanzó a bucear en la niebla. Si en un principio, con los primeros pasos, la visibilidad era bastante buena, al llegar a las primeras casas se sentía como un ciego sin su lazarillo, cerró los ojos pues le daba igual el tenerlos abiertos, además la acidez que flotaba en el ambiente le hacía temer que perdería la vista si los tenía mas tiempo abiertos.

Esperaba poder recordar como estaban dispuestas las casas y las calles, pues llegar rápido a su casa era lo único que le ocupaba la mente, ya se preocuparía de los demás vecinos mas adelante. Al llegar a la que creyó que era su casa llamó a la puerta pero nadie se la abrió. Golpeó con el hombro y dio patadas infinitas veces a la puerta tratando de tirarla, pero el roble macizo solo se doblega ante el fuego o un hacha bien afilada.

Extenuado de tanto esfuerzo se dejó, se rindió, se sentó con espalda apoyada en la pared esperando que su ropa empezara a deshacerse como un diente de león azuzado por el viento, fue en ese momento cuando un grupo de personas con escafandras llegaron a rescatarlo.

Días después mientras se recuperaba de las quemaduras causadas por el ácido y desde el campamento de primeros auxilios que habían formado sus salvadores, en lo alto de la loma, vio asustado como la niebla había derruido incluso alguna de las casas.

PD: dedicado este post al amigo Fer Ibeas, lo prometido es deuda :-)

¡Se aproxima el fin del mundo!

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—¡Se aproxima el fin del mundo! — dijo, mientras se limaba las uñas y en su cara se dibujaba una mueca que no supe interpretar si era de burla exagerada o de dolor.

Por mi mente pasaron mil argumentaciones para tratar de convencerle, pero cuando se llega a la conclusión de que tu oponente, no tiene intención de cambiar de ideas, lo mejor es dejar que pase. A ver si en otro momento se le pilla con la guardia mas baja y atiende a razones.

El mastodonte reticulado (como le llamaban en algún bar de copas) siempre había sido muy dado a ignorar las señales que le rodeaban, por eso estaba yo encima de él siempre que podía, para tratar de que se diera cuenta de lo que le podría suceder si hacía ciertas cosas. Por mucho que se empeñase, la sociedad no había cambiado tanto.

Todo empezó como todo comienza: en el colegio, a muchos chavales les hubiera causado grandes problemas, pero a él no, solía ignorar insidiosos comentarios, incluso no se volvía contra nadie aunque le empujaran, lo llebaba bien, decía que le daba igual. Tan solo le vi pelear una vez contra dos chavales mayores, por causas que me seguirán siendo desconocidas, pero contrario a lo que se podía imaginar, salió victorioso de aquella pelea (Algo tenía que agradecer a su gran tamaño y precoz desarrollo físico) .

Tras esa pelea, el número de burlas descendieron, aunque nunca desaparecieron. Es mas, estoy convencido de que alguno de los que está aquí ahora conmigo, se sigue burlando de él en este momento.

En el trabajo, universidad e instituto, no le fue mucho mejor que en el colegio tras la pelea, pero él decía que eso eran cosas mías, que la gente no le juzgaba, que eso era algo que estaba en mi mente, que el mundo había cambiado.

Tampoco le dio importancia a las cartas amenazantes que llegaron a su buzón hará una semana, le dije que hablase con la policía, que se fuese a vivir a mi casa una temporada, o con sus padres, pero no me hizo caso. Al comienzo de este relato os he dicho que dejé la discusión para otro momento, a ver si le pillaba con la guardia bajada para tratar de convencerlo mas tarde, pues bien, fueron otros los que le pillaron con la guardia bajada.

Al salir de uno de sus bares preferidos le estaban esperando dos chavales mas jóvenes, con bates y puños americanos. No hizo falta que llegara la ambulancia a reanimarlo, cuando lo socorrieron las primeras personas, no se podía hacer nada.

Ahora le veo ahí, tumbado, pálido y con una brecha en la cabeza mal maquillada, pero la imagen que me viene a la mente de él, es aquella de cuando me decía que el mundo había cambiado con su sonrisa de bobalicón, creo que estaba equivocado, pero haré todo lo posible para que deje de estarlo.