El bardo

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Tras tres decepcionantes meses, mechones estaba empezando a reponerse, ningún barco llegaba al puerto principal, algo no muy raro en esas fechas, según le dijeron. Todos los días, desde que llegó a la ciudad se acercaba al embarcadero en sus momentos de descanso para ver si llegaba alguno, siempre en vano; Los barcos pesqueros partieron poco antes de que él llegase, tranquilamente podrían estar en alta mar años si las cosas iban bien y, según los astrólogos iba a ser una buena temporada. Tampoco arribaba ningún barco mercantil, esos llegaron a la vez que se fueron los pescadores pero hasta que no hubieran vendido toda su mercancía no partirían, aún a pesar de todo eso no faltaba un solo día tras la hora de la comida: el único momento que tenía libre entre recado y recado. No había sido elegido por ningún comprador de niños, para que le prestase sus servicios, demasiado joven para algunos, para otros que viniese de un pueblo tan aislado no les gustaba mucho, pero había caído en gracia a la persona que conducía el carromato cuando lo llevaron a la ciudad, esa persona consiguió que su dueño, un viejo cascarrabias esclavista, no lo enviase a las minas de carbón, combustible que se usaba para la nueva locomotora. Locomotora que por otra lado era todo un acontecimiento en la ciudad, no hacía mucho que se había finalizado la construcción de la vía que unía Soldaverde (país mas al sur) con la capital de Lagumar, proyecto financiado íntegramente por Soldaverde, país mucho mas avanzado que ellos tecnológicamente, pero con poco comercio externo, cosa que con esta obra esperaban mejorar y así de paso mejorar las comunicaciones entre los dos estados.

-Otra vez por aquí, ¿eh?- dijo el hombre al que Athlus llamaba dos dientes, mientras el chaval refrescaba los pies el las aguas del puerto.

-¿donde si no?- dijo a la vez que chapuscaba en el agua.

-El jefe-así llamaban todos a Jorent el esclavista -quiere que vayas a la casa de Mencias- Mencias era un hombre muy extraño del que Athlus había oído hablar muchas veces, pero nunca había conocido, según unos era una persona perteneciente a una gran familia venida a menos en la época de la plaga, para otros era un simple loco con aires de grandeza, una vez oyó decir a un chaval que le había visto hacer magia, pero todos los otros jóvenes que se encontraban oyendo su historia se rieron de él, muchas cosas se contaban de él, aunque en una cosa coincidían todos: era una de las voces mas perfectas a la hora de entonar cualquier canción.

Mechones se dirigió a su casa con gran interés, pues iba a ser la primera persona importante que conocería de la ciudad, hasta entonces siempre se había encargado de los recados de tenderos y comerciantes, todos ellos de muy mala reputación.

Cuando llamó a la puerta una joven, cubierta únicamente por una gasa que dejaba entrever todo su cuerpo le abrió la puerta.

-¿Que se te ha perdido por aquí mocoso?- dijo la joven con media sonrisa en la boca al ver que Mechones bajaba la mirada al suelo

-Busco a Mencias- habló tímidamente mientras miraba de reojo a la entrepierna de la chica, justo en el momento que recibió un cachetazo en la cabeza.

-Sube a la segúnda planta, la tercera puerta, ¡y cuidado con lo que miras!- Mechones subió corriendo, rascándose ahí donde había recibido el golpe, no sin antes decir -¡Has sido tu la que ha salido desnuda a la puerta!- La joven trató de atizarle de nuevo, no por castigarle si no por diversión, pero no pudo alcanzarlo. Al llegar a la tercera planta se puso a buscar la tercera puerta, pero no la encontró, trató de abrir las dos únicas puertas que veía, pero estaban cerradas, iba a desistir y a preguntar de nuevo a la chica, cuando oyó cantar al fondo del pasillo, no veía el lugar del que pudiera salir ese bonito canto, así que decidió ir al final del pasillo, a medida que iba andando el pasillo iba cambiando de iluminación y de color, cada vez oia mas alta la voz del bardo, pero también cada paso que daba hacia que el pasillo cambiase, hasta que se vió en mitad de un monte rodeado de robles, y allí al fondo, había una persona sentada cantando.

El inicio del viaje

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El viaje había hecho mella en los mas jóvenes, todos se habían quedado dormidos, todos menos uno, un chaval de 13 años, era la primera vez que salía de su pueblo, no paraba de bostezar pero quería ver todo aquello que le rodeaba aunque la noche fuese cerrada, para él todo era nuevo, cada ruido, cada cada olor. Por fin podría ver aquellas cosas de las que tanto había oído hablar: magos, brujas, animales exóticos, quizá algún dragón enano, en fin… todos aquellos seres que aparecían siempre en las historias de los cuentacuentos que muy ocasionalmente pasaban por su pueblo.

Por todo eso no le importaba que su tío le hubiese entregado a un extraño, esperaba que ese extraño que ahora estaba durmiendo en la parte trasera del carromato junto con los demás, lo llevase mas allá de donde se pierde de vista el mar.

-Otra vez soñando con tierras lejanas ¿eh, mechones? -Sus compañeros de viaje le habían puesto ese mote debido a que de vez en cuando entre la mata de pelo morena asomaban unos pelos de color castaño claro, que se notaban mucho mas gracias al caótico corte de pelo que le había hecho su tía, a decir verdad, su pinta era muy cómica – Ya te he dicho que hace mucho que no llega ningún barco del otro lado del océano, la última vez trajeron enfermedades que devastaron al país entero y causaron grandes estragos entre nuestros vecinos, suerte tuvimos de que no nos invadiesen, desde entonces no se deja pasar a ningún barco que venga de oriente, bueno, no se le dejaría pasar si volviesen. Seguro que la enfermedad que trajeron mató a todos, incluso a esas extrañas criaturas que dicen que viven con ellos, si es que existen-

-¡Si que existen!- Dijo furioso Athlus, no quería creer que había dejado el pueblo para hacer un viaje en vano, el quería vivir grandes aventuras, sentía que había nacido para eso.

-Jajajaja, bueno… bueno muchacho si tu lo dices, jajaja, aunque una cosa he de decirte mi abuelo fue de los últimos que viajó mas allá del mar y lo único que encontró fue pobreza, asesinatos y nada de la magia que a ti te han contado que hay por aquellos lugares, pero no seré yo quien te quite el sueño, si dices que existen existirán, aunque primero deberás estar cuatro años trabajando para Drosgos, hasta que pagues la deuda de tu tío, luego puedes hacer lo que quieras-

-¿De que trabajaré?-

-Pues no se, todo depende de la maña que te vea, si tienes suerte te enviará a servir a algún caballero, si no, pues no se… puede que hasta te toque trabajar en las minas, pero no te preocupes, tienes que caerle muy mal para que te mande ahí, y tu pareces un buen chaval, bueno ve a dormir, que mañana deberéis estar despiertos a ver si gustáis a algún cliente- Y así fué, poco después de salir el sol, llegaron a la ciudad, la capital del reino, esos días parecía un hormiguero debido a la actividad comercial, no llegaba a haber tantos comerciantes como antes de la plaga, ni tantos compradores, pero poco a poco iba acercandose a su época de máximo explendor. Athlus, cuando paró la carreta, saltó de ella para ver si desde donde estaba podía ver el mar, pero una fuerte mano lo agarró del brazo y lo volvió a meter dentro

-Tú, chaval, ¿estás tonto? hasta que no os vean los clientes deberéis permanecer aquí dentro, ¿no querrás que te mande a las minas?-

Mechones bajó la cabeza, mientras soñaba con servir a un marinero que tuviese que hacer rutas entre su pais y oriente en busca de especias, o telas, o animales, o lo que fuera que se pudiese traer de esas tierras.