Intro 2

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Tras varios días vagando por la calle, por fin llegó al lugar en el que podría estar más cómodo, las cloacas.

- Por lo menos el ruido es mucho menor- se decía a si mismo Iogo – Y no solo eso, a simple vista parece mucho mas limpio que la superficie… Si alguien me hubiese dicho esto hace unos años habría pensado que estaba loco, o tratando de tomarme el pelo, bueno… tal vez… el loco sea yo ahora… JA JA JA

La risa resonó a lo largo de las galerías, unas galerías en desuso gracias a la decadencia de la ciudad, otrora capital de la república. Ahora en la superficie el caos era el único gobernante, y lo único que hacía que la civilización no se desmoronase era el odio irracional que tenían a sus vecinos del norte, a los cuales achacaban todos sus males, por lo que los ciudadanos de a pié no veían mal que se destinase casi el 80% del presupuesto del país para fines militares, daba igual que hiciese siglos que no tenían contacto ambas civilizaciones, estaban convencidos de que eran ellos quienes les robaban sus recursos, por lo que tenían que hacer lo imposible para acabar con ellos. Tan sólo existía un grupo que se oponía al gobierno, pero era una minoría sin apenas fuerza como para hacer entrar en razón a los millones de hambrientos que cada día poblaban las calles.

El guardián de las montañas

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La nieve seguía golpeando su rostro, la barba antes de color bermejo, ahora blanca, los pasos antes rápidos y ágiles, ahora lentos y torpes, pero debía seguir, pasase lo que pasase, las noticias que traía de frontera sur no sólo iban a causar gran revuelo. Tan sólo debía pasar al otro lado de las montañas, no era el camino más fácil, pero si el más rápido.

Una ampolla de color verde fue sacada del bolsillo, una ampolla que le consumiría la vida fue ingerida, la ampolla antes verde, ahora vacía.

Dicha ampolla contenía un líquido mortal de necesidad, pero que daría a sus pasos, ahora lentos y torpes, una nueva vida para ser lo que días atrás fueron; La parte mas dura ya casi estaba cubierta, pero sin dicha ayuda no podría cubrir el tramo que le faltaba. Meses antes de comenzar la travesía había oído que un clan se había instalado en el valle sur, esa era su gran esperanza, si el rumor fuese falso, todo por lo que había luchado se habría perdido.

Los pasos ahora rápidos y ágiles, le acercaron a su destino antes de lo que esperaba, por lo que no todo estaba perdido, la barba ahora larga y enmarañada ocultaba un rostro famélico, pero unos ojos hundidos, tanto, que parecían cuevas, indicaban bien el estado en el que se encontraba, el líquido verde que tomaría días atrás le hacía estar despierto, sin apetito, pero acabaría con todos los recursos almacenados en su cuerpo, para luego terminar por consumir en poco tiempo cada porción de carne y huesos que le quedasen, si no ponía fin con ningún antídoto.

Al llegar a un árbol seco en mitad de lo que parecía un campo de labranza, fue cuando la gente del clan se dio cuenta de que ahí estaba él, nunca habían visto a una persona de su raza, pero sabían quien era por la indumentaria que llevaba. Su ropa de color blanco, su bajo tamaño )comparado con el de ellos( y rudo aspecto, hacían indicar que era un habitante de las montañas, gente que vivía del ganado, del monte y aquellos años que eran especialmente duros recibían donaciones de los clanes, ellos a cambio vigilaban la frontera y avisaban si algo fuera de lo común sucedía.

Pronto los líderes del clan, junto con invitados de otros clanes se pusieron a hablar con el guardián de las montañas. Este lo primero que hizo fué pedir una jarra de agua, mala señal, pues significaba que el efecto del líquido había pasado, no tardaría mucho tiempo en caer en un profundo coma. Tan pronto se la bebió comenzó su relato…

intro 1

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La montaña proyectaba su sombra sobre los campos de lamren, todavía perezosa, iba desapareciendo poco a poco, y para cuando el sol llegase a la altura del árbol seco, el campo estaría repleto de labradores y sus familias, este había sido un buen año de cosecha, quién podría decir que estas tierras tan al sur de la capital, y tan cerca del límite podrían ser tan prósperas, si se hubiesen sabido antes, las guerras entre clanes otro color hubiesen tenido, pero eso era agua pasada, ahora había que celebrarlo, y con suerte antes del anochecer se habría recogido y trasportado todo.

Así fue, todos los allí presentes ayudados por sus bestias, los increíbles orus, una especie de toro del tamaño de un rinoceronte, hicieron el trabajo en un tiempo record, dando tiempo incluso para descansar antes de la fiesta en honor a tan enorme cosecha, que se iba a realizar justo ahí con el árbol seco como punto de encuentro para los mas jóvenes…