Y cuando dio comienzo, aquel pequeño personaje dejó caer su caña mientras él colgaba de la luna

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foto de Michael Dawes

Y cuando dio comienzo, aquel pequeño personaje dejó caer su caña mientras él colgaba de la luna, siempre le había gustado ese tipo de ensoñaciones ¿Cómo sería poder caminar por la luna…?

—¡YE! sal de Babia— dijo el pequeño —Aquí  hemos venido a pescar, no para admirar musarañas—

No le hizo ni caso, siguió viéndose saltando entre cráteres, dejando huellas que quizás durarían siglos, hasta que la fría sensación del agua golpeando su  cabeza le hizo incorporarse de golpe. Miró para todos los lados tratando de ver quien era su atacante, hasta que se dio cuenta que el viejo cascarrabias tenía una herrada en la mano. Se reía como si no lo hubiera hecho en años y estuviera reservándose para este momento.

Cogió sus aperos de pesca, para preparar la jornada y dejó sus ensoñaciones aparcadas para otro momento.

bajo la alcantarilla

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Apenas podía hacer nada con las manos, con cada movimiento, con cada gesto, mil agujas se le clavaban en los tejidos. Eso, precisamente eso, fue lo que hizo que se pensase mucho el ahogar a su compañero. Una vez lo hubo hecho, no le bastó  con que dejase de patalear, solo paró cuando sintió que le había partido la tráquea.

Cuando Lanas se despertó en su maltrecha cama se sentía cansado y sin ganas de hacer nada, tal vez fuese por el día gris y triste que se entreveía a través de la alcantarilla. No importaba, ni hoy, ni ningún otro día, tenía que subir a la superficie costase lo que le costase.

Apenas ya bañaba el sol las calles de la ciudad y con cada rayo de luz perdido entre los edificios, el número de las llamadas personas  de bien, iba disminuyendo. Cada día, llegadas ciertas horas, todo el mundo se encontraba en su casa, aislado del mundo exterior, con las ventanas bien bajadas y ocupando su mente con cualquier entretenimiento masivo. Lo curioso de todo, es que cualquiera de ellos te hubiera dicho, que afuera, bajo la luz de la luna, no pasaba nada y eso en verdad, era lo que creían muchos de ellos.

Esa noche tenía un nuevo compañero: un chaval sin padres, no se lo terminaba de creer, seguramente se habría escapado de casa por alguna razón que Lanas no estaba dispuesto a preguntar, tan solo quería que el joven pudiera desenvolverse en ese mundo tan cabrón, que nacía mientras se ocultaba el sol y se encendían las primeras farolas. Lanas no era altruista; una persona joven siempre venía bien como ayudante, en esa primera noche pretendía enseñarle la primera ley de la calle, nunca te fíes de nadie, iba a timarle con la recaudación del día. Lanas se auto excusaba diciéndose, que era una forma de cobrarse las clases y su protección.

La jornada, dedicada a recoger cartones y chatarra había sido fría, aunque tan duro como el frío era dejar todo recogido para que con los primeros rayos de luz natural y las primeras persianas levantadas, las personas que mirasen por la ventana no se dieran cuenta de que por la noche un ejercito de indigentes, había estado limpiando su ciudad, Lanas y los suyos podían seguir haciendo lo que hacían, siempre que no se los viese.

La discusión iba a ser inevitable, estaba enfadado y se sentía timado, no se le iba de la cabeza como se reía mientras se quedaba con gran parte de su poco dinero,  un deseo de venganza le pudo, atacó por sorpresa al que esa noche había sido su mentor y fuertemente apretó su cuello hasta matarlo.

Los diarios y periódicos no hablaron de otra cosa durante semanas, había vida en la calle por las noches, la presión social fue tan grande que las autoridades tuvieron que actuar, primero prohibieron la recogida de cartones y chatarra y luego desalojaron de las alcantarillas a los que allí vivían.

Cuando Soldado se despertó en su maltrecha cama se sentía cansado y sin ganas de hacer nada, tal vez fuese por el día gris y triste que se entreveía a través de los cartones. No importaba, ni hoy, ni ningún otro día, tenía que salir al basurero costase lo que le costase.

cuentacuentos: Sólo tenía una certeza: la culpa la había tenido aquél libro.

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Sólo tenía una certeza: la culpa la había tenido aquél libro. Todo lo que le había sucedido estos días no tenía nada que ver con él, ni con su enfermedad. Cuando lo pillaron tratando de matar a la mujer de su mejor amigo, lo metieron en un centro especial para casos como el suyo y aunque no tardó mucho tiempo en escaparse, el poco tiempo que permaneció dentro le ayudó a reflexionar sobre todo lo que le había sucedido desde que leyó dicho libro, aquellos recuerdos que como bloques de cemento se habían hundido en el lago de sus recuerdos, ahora estaban saliendo a flote.

Pero la misma medicina que le hacía recordar le dejaba extenuado, dormía mas que respiraba y en el poco tiempo que estaba despierto, apenas podía mover el cuerpo ya que se sentía abotagado al realizar el mínimo movimiento. Sabía que en cuanto supiera como engañar a los que le cuidaban de que se estaba tomando la medicación, el huir de aquella cárcel sería relativamente fácil, lo difícil sería recordar todo lo que deseaba hacer una vez hubiera salido. Y así fue, en la noche de su huida, tan solo hacía dos semanas que había dejado de tomar la medicación, desde entonces el tiempo que antes pasaba durmiendo lo empleó en recordar, tumbado en su cama, sin levantar sospechas y pensando una y otra vez en lo mismo, para no olvidar.

Como había esperado, la salida fue sencilla, solo tuvo que inmovilizar a un celador y aunque  le costó no matarlo, solo le dejó inconsciente (esas dos semanas únicamente pensando, le habían dado algo mas de autocontrol), tras esto, abrir un par de puertas para terminar en la calle, fue pan comido.

Lo primero que hizo al llegar a su casa fue quitar el cordón policial, pues al detenerlo inspeccionaron su casa y encontraron los cadáveres de sus padres pudriéndose junto al de su amigo Jon. Lo había tenido que matar a él también, había visto a sus padres muertos, no quería que lo delatase, ni que hiciera preguntas incómodas. Lo que todavía no entendía es porqué sus padres quisieron matarlo y porqué lo drogaban todos los días para que no se enterase de nada. Daba igual, la respuesta seguro que estaba en aquel libro, era lo único que no podía recordar, ¿qué había en aquel libro? ¿Qué le había echo volverse así?

Al llegar a la habitación donde sus padres habían permanecido durante días muertos, tan solo le recorrió un escalofrío, no sabía muy bien por qué, pero la muerte de sus padres no le causaba ningún sentimiento, sin embargo, mientras estuvo medicado no soportaba el dolor de haberlos matado, aunque lo mitigaba diciéndose que había sido en defensa propia.

Ahí estaban los charcos de sangre, al pié de la cama de sus padres, algo que al principio no le extraño.

Trató de no pisar las manchas de sangre seca que cubrían casi toda la alfombra, alfombra que había sido comprada por él como regalo para sus padres en un viaje que hizo de joven a Turquía, hacía ya muchos años. Toda la habitación estaba decorada al estilo árabe, tan solo desentonaba un cuadro casi descolorido de la virgen que se encontraba sobre el cabecero de la cama. Al fijarse en esto, se dio cuenta que algo no cuadraba, pues creía recordar que había matado a sus padres en defensa propia, cuando trataron de asfixiarlo mientras dormía… si era así ¿cómo es que la habitación de sus padres estaba llena de sangre? ¿acaso la historia no era real? en un comienzo no podía creérselo, pero poco a poco los recuerdos reales se le mostraron con toda su crudeza, vio como fue él, el que trató de ahogar primero a su madre, vio como su padre al despertarse trató de dispararle con la pistola que guardaba bajo la almohada, también vio como este vaciló al ver que era su hijo al que iba a matar. Ese vacile le costó la vida.

No podía soportar todas aquellas imágenes que se le agolpaban en el cerebro, lo que hubiera en el libro ya le daba igual. Comenzó a golpearse fuertemente la cabeza contra las paredes de la habitación hasta que empezó a marearse por la pérdida de sangre y los fuertes golpes. Para luego acurrucado de la forma que creía que había muerto su madre, empezar a tomar todas las pastillas que en dos semanas había escondido.

Y ahí se quedó, acurrucado sobre la cama, sangrando por la cabeza y tratando de morir a base de pastillas.

Esta entrada continua de esta

cuentacuentos: Es malo levantarse con el pie izquierdo, pero peor embadurnado de sangre.

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Es malo levantarse con el pie izquierdo, pero peor embadurnado de sangre.  Además no me lo esperaba y ahora estoy aquí, tratando de deshacerme del cadáver, no entiendo como pudo suceder, no recuerdo absolutamente nada, desde que dejé la medicación esto se ha convertido en un caos, es como si estuviera nadando en un lago de recuerdos, donde solo puedo ver aquellos que están en la superficie y si trato de bucear para lograr alcanzar aquellos recuerdos que se hunden, termino ahogándome sin remedio.

Con suerte, este recuerdo también se me olvidará, como he olvidado el nombre de esta pobre chica, tal vez nunca lo supe. Debería ir a la policía y decir que soy un asesino, ¿ arreglaría algo con eso? da igual lo, único que quiero es saber quien soy y por qué hago estas cosas, si terminan deteniéndome lo único que harán será colgarme o inflarme a pastillas para que me quede idiota, como quisieron mis padres.

De ellos si que me acuerdo, también recuerdo como fueron ellos primero los que quisieron matarme mientras dormía, ahogándome con la almohada, menos mal que nunca me separo de Janet, mi magnum. Supongo que tendrían una buena razón para matarme, pero que mas da, fui yo el que terminó ganando esa partida.

Bueno ¿y ahora que? necesito desahogarme  con alguien, llamaré a Jon… Umh ¿no lo maté? puede que si… hace tiempo llamó su esposa preguntando por el, estaba muy angustiada, creo que dijo que llevaba 5 días desaparecido… mas o menos cuando dejé la medicación… si, definitivamente tuve que ser yo, iré a visitar a su mujer , a ver si lo han encontrado y si no, tal vez tenga que acabar con su sufrimiento.

PS: esta entrada tendrá continuación en la próxima entrada del cuentacuentos

cuentacuentos: Ahora me viene a la memoria la historia del buhonero de tres patas…

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Ahora me viene a la memoria la historia del buhonero de tres patas y las hijas del mercader. Al parecer este mercader…

—Espera ¿tres patas? ¿como puede una persona tener tres patas?—

—Pues… no se… a mi me contaron la historia de esa manera—

—¿Y no te chocó que tuviera tres patas?—

—Bueno… si, cuando me lo contaron la primera vez tenía seis patas, pero como me parecían muchas he dicho que solo tenía tres.—

—Bah, entonces te estás inventando la historia, no va nada de tener tres patas a tener seis, si te vas a inventar la historia entera mejor no me lo cuentes…—

—No me lo invento, solo que no le di importancia, tal vez se refería al animal, a la hembra del pato, bueno da igual, eso no es importante para la historia.—

—Pues no se para que lo cuentas si no tiene importancia, eso es meter tonterías en una conversación.—

—Tonterías las que estás diciendo tu ahora…—

—A ver, que no digo bobadas, solo quiero enterarme bien de las cosas, como por ejemplo ¿que es un buhonero?

—Pues no se… será alguien que vende búhos…—

—No habíamos quedado que tenia seis patas, ¿para que va a vender búhos un hombre que tiene patas?—

—Si vendiera patas no se llamaría buhonero, se llamaría patero o patunero o algo así ¿no?—

—¡que mas da! ¿quien querría comprar un búho?—

—¿sabes que te digo? que ya no te cuento la historia de las hijas del mercader—

—Mejor—

cuentacuentos: Las palabras llegaron, como si tal cosa, cuando dejó de buscarlas

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Las palabras llegaron, como si tal cosa, cuando dejó de buscarlas.

Hubiese estado bien acordarse de ellas cuando todos estaban a su al rededor, expectantes, pero se quedó mudo sin saber que decir y con la sensación como si hiciese varios días que no bebía agua, parecía que la lengua le iba a descarnar el paladar a cada pasada y la poca saliva que conseguía tragar hacía que la garganta le fuese doliéndole poco a poco, de la misma manera que te sentirías si tragases un puñado de monedas de céntimos, que solo dejan de doler cuando terminan su periplo en el estómago.

No le cabía en la cabeza cómo se le habían olvidado aquellas palabras que llevaba repitiendo durante años a escondidas. Las había leído por primera vez cuando con catorce años en el bosque escondido en un pequeño agujero que había visto en la pared de una roca por la que había entrado justo, no pudo salir, debido a la extraña forma que tenía la entrada que hacía que se te clavaran las aristas afiladas de la piedra si tratabas de dar la vuelta por donde habías entrado, así que tuvo que empezar a gatear por la grutilla con la esperanza de poder hallar una salida.

Horas estuvo gateando y arrastrándose por la piedra húmeda y fría, dejándose la piel de la palma de las manos, codos y rodillas en el camino. Hasta que al final llegó a una sala un poco mas amplia, donde un rayo de luz entraba por la cúpula. Aunque el agujero por el que la luz entraba era demasiado pequeño como para caber y estaba en lo alto. Así que desesperado se sentó en el suelo esperando tomar fuerzas para empezar a chillar y pedir auxilio.

Así estuvo un rato hasta que reparó que el rayo de luz apuntaba a la pared donde había unos dibujos grabados en la piedra, pero solo podía ver aquellos dibujos que iluminaba el rayo de luz directamente, ya que la oscuridad de la pequeña sala era casi total. Ensimismado en lo que estaba viendo dejó pasar el tiempo y a medida que el sol iba moviéndose podía ver mas historias dibujadas y curiosamente mas actuales en el tiempo; Si las primeras parecían estar trazadas de una forma muy rudimentaria y casi habían sido comidas por el musgo y la humedad, las últimas se veía claramente y se podía ver un trazado muy nítido casi de cómic, tan solo hubo un intervalo de tiempo en el que no pudo ver ningún dibujo, como si hubiera un hueco esperando, tras el cual, se encontraban las palabras que de tantos apuros lo habrían de sacar ese mismo día y en el futuro. Pues esas palabras daban la capacidad de dar vida a lo inerte, de hacer que la dura piedra se moviera de hacer que los troncos muertos de los árboles tomasen la forma de una balsa para descender por el río y llegar al pueblo poco antes de anochecer, de hacer cosas inimaginables…

Fue en el momento en que las palabras le volvieron a llegar, cuando se recordó la misma historia que os acabo de contar, por lo que cogió unos sprays de pintura y unas plantillas cuando dijo.

—Ya es hora de que rellene el hueco vacío con una pintura mas moderna—

cuentacuentos: Quizá sea tarde, pero aún tengo la pistola en el bolsillo

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Quizá sea tarde, pero aún tengo la pistola en el bolsillo… todavía no me han registrado, también ¿por qué iban a hacerlo? nunca he hecho daño a nadie, siempre terminan fiándose de mi, — díselo a Yon, nunca dice que no. Ven Yon, ayúdame a limpiar estos vómitos. Yon acómpañanos a comprar la bebida para esta noche, es una pena que no te hayan invitado a venir— ¡¡HIJOS DE PUTA!! si tan solo pudiera estrangular a cada uno con mis propias manos, uno por uno… sentir como dejan de forcejear cuando la falta de oxígeno les hace adormecerse. ¡DIOS! sería la polla… esa panda de desechos dejarían hueco para alguien que no malgastare el aire que respira.

Sería hasta poético, aunque alguien se me ha adelantado… yo no buscaba esto… la escena es imperfecta, están todos mezclados, no ha hecho distinción, incluso ha dejado a mas de uno de pie. Tendría que habérmelo cargado por torpe cuando tuve oportunidad.

Me pregunto que dirán los medios cuando hablen de esto, seguro que rellenan programas de tertulias diciendo que la culpa la tuvo la música que oíamos, no, eso ya está pasado de moda y ya pagaron el pato marilyn manson, pearl jam… ahora dirán que es por los videojuegos, claro, como si eso fuese determinante y no lo fuera estar rodeado de una panda de gilipollas todos los días. Pero por qué los mas estúpidos son los que…

Bueno, creo que ha llegado el momento, es hora de sacar la pistola… la policía ya se ha ido. Solo quedan  cuatro peleles, cuatro de mis peleles preferidos, mira como se ríen… puede que por poco. Me acercaré a ellos

—Míralos, sentados riendo… como que nada hubiera pasado—

— hombre Yon, pero si estás vivo… temíamos que fueras tu el que ha abatido la policía… — y se rieron todos al unísono como una bandada de corvates graznando por un trozo de carroña

—Si, podría haber sido yo —

Jeje, mira como se han callado al verme sacar la pistola… Pues al final va a ser mas poético de lo que esperaba. Está anocheciendo y el olor a sangre reseca de la masacre de por la tarde, hace que el ambiente sea perfecto, además, los pantalones orinados de Santos le dan el toque final. Bueno, sería perfecto una pena que solo tenga la pistola cargada de salsa de tomate.

sobrio

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La oscuridad se le hacía inmensa a medida que los segundos pasaban y el reloj machacaba sus tímpanos con el goteo incesante del paso del tiempo.

Abrió de nuevo los ojos, pero nada, silencio, angustia, otro día mas otra noche.

Se puso la mano delante de la cara, vuelta, con el brazo extendido, la oscuridad que proyectaba recordaba a un pájaro, libre, sin presiones, sin tener que poner siempre buena cara a todo el mundo cuando no se tiene ganas, sin tener que estar de buen humor para todos  a los que tras terminar el día se tiene que rendir cuentas, incluso a uno mismo. Siendo libre de los barrotes que se había impuesto al ir creciendo que para un pájaro solo pueden ser físicos y no sociales ni mentales.

Solo quería estar sobrio… sobrio por un día de esta borrachera que cada día lo levantaba de la cama y cada noche le dejaba resacoso en la cama, sobrio para poder ser el, sobrio para poder elegir, sobrio de la vida diaria…

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cuentacuentos: Las emociones humanas habían desaparecido con su cerebro

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Las emociones humanas habían desaparecido con su cerebro y aquellas gotas de agua que caían sobre su rostro, no la transmitían nada.

Miró al cielo sin poder evitar el preguntarse si antes eso mismo le hubiera hecho sentirse de una forma especial, conocía su pasado, incluso era capaz de actuar igual que su antiguo yo, pero era incapaz de sentir. Todos los recuerdos relevantes de Emna habían sido almacenados para una ocasión como esta, recordaba como había conocido a Adrián, recordaba como de niña se rompió la rodilla al caer de un caballo, recordaba incluso los segundos anteriores a su primera muerte.

laradana

laradana

Las primeras intentonas habían sido un fracaso, sus nuevos cerebros híbridos habían muerto a las dos semanas de ser implantados por la incapacidad de asimilar tantos recuerdos y sentimientos, los doctores determinaron pues en eliminar los sentimientos y dejar solo los recuerdos, con la esperanza de que con el tiempo los primeros nacieran solos.

No fue así, los años pasaron y lo que en su comienzo fue ilusión y esperanza, tornó en desesperación y rechazo, Adrián dijo, que aunque se comportaba y reaccionaba igual a similares situaciones, ella no era ella, no sentía su calor ni en el día a día, ni en la noche. Sus hijos, mas reticentes a abandonarla, hicieron un esfuerzo aún mayor al comprobar que ya no era la madre que cariñosamente los besaba cada vez que los iba a visitar, pero el tiempo y la sensación de que nunca más el viento soplaría para su madre, hizo que tomaran la decisión de abandonarla.

Y ahí se encontraba, de pie, en la mitad del parque al lado de un columpio mecido por el viento y con el cuerpo empapado por la lluvia, tratando de recordar, tratando de sentir, tratando de pensar porqué aquellos que se supone que tenían sentimientos la habían dejado sola.

cuentacuentos: Los países enfermaron de guerra y comenzaron a vomitar sangre

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Los países enfermaron de guerra y comenzaron a vomitar sangre. La enfermedad, comenzó lenta, pero no cejó un sólo día en su intención de adueñarse de las almas de todos y cada uno de los aquellos seres miserables. Ellos no se daban cuenta, pero estaba ahí, YO estaba allí.

Como un gusano lentamente me fui abriendo camino dentro de la manzana, campando a mis anchas, engordando, nadie me paraba, nadie me detenía, cada mirada a otro lado, cada insulto velado, cada susurro ponzoñoso, me hizo engordar mas y mas.

La última bomba extraviada cayó en frente de tu casa, estabas mirando por la ventana, el vaho que dejaba tu respiración sobre el cristal, dibujaba la v boca abajo, apareciendo y desapareciendo con cada respiración. Tu mirada al infinito tan solo emborronaba los edificios derruidos, aunque podías distinguir la figura de un árbol a lo lejos, ardiendo, como tu corazón, que latido a latido llevaba sangre a una dolorida cabeza que quería explotar. Una gota de roja corría por tu mejilla, pero daba igual, estabas viendo, como el fuego que quemaba el árbol venía hacia ti, como una horda de fieros Unos dirigidos por Atila, en ese momento tu respiración se había cortado y el choque de la caballería, te hizo caer de espaldas al suelo, te golpeaste la cabeza y lo demás… es historia.