En las vías del tren

patatas transgénicas 2 Comentarios »

Dejó de respirar, pero no perdió esa mueca absurda mientras el tren pasaba por encima de su cabeza. Menos de 5 centímetros separaban en muchas ocasiones su nariz de la maquina que, sobre él estaba. En un principio había cerrado los ojos pero tras unos instantes de auténtico pánico se había calmado, había logrado sobreponerse y abría tímidamente los ojos; poco después los abriría por completo. Mala suerte fue lo que tuvo, cuando por un tubo (oxidado por el paso de los años y el mal mantenimiento) que se encontraba agujereado, le cayó un líquido irritante, sobre esos mismos ojos que hacía nada estaban cerrados, el movimiento instintivo le hizo girar la cabeza hacia un lado, pero también los brazos se movieron para taparse los ojos.

El tren se alejó tan ruidoso como había llegado, agitando a su paso las hojas de las plantaciones que hasta el borde de la vía llegaban, fue hace dos años la última vez que se limpió cerca de las vías. No hacía mucho, ese había sido un país rico, las exportaciones cayeron casi en picado cuando se supo que también había sido contaminado por la plaga de los mêntalis. El país estaba al borde de la guerra civil, los políticos trataban que no se derramara la sangre de sus compatriotas, pero hubiera o no hubiera guerra iba a dar igual, muchos jóvenes morirían aunque tal vez no tan rápido: las drogas que ellos en un pasado exportaban a países mas ricos se dejaron de exportar cuando llegó la bonanza económica y las empezaron a consumir masivamente los mismos que antes las cultivaban y ahora claro, no iban a dejar esos hábitos, incluso eso era visto en la sociedad como algo que indicaba estatus y gran nivel de vida. Podría parecer que gracias a la permisividad institucional, el gobierno patrocinaba el consumo desmedido. Cosa que aprovechaban los mêntalis para probar y perfeccionar sus técnicas; personas enganchadas de tal manera que tenían el cerebro hecho puré y no presentaban mucha oposición.

Una de esas personas se encuentra ahora tumbada sobre las vías del tren, con las manos ensangrentadas sobre su cara, tan solo tiene cortes superficiales en los nudillos, no obstante sangran profusamente.

-He tenido mucha suerte – pensaba – el tren casi había terminado de pasar. pero ¿porqué me he puesto debajo de él?-

A su alrededor otros jóvenes están aplaudiendo su hazaña, algunos de pie chillando otros tirados con la jeringa todavía colgando, no muy lejos de todos ellos y de la basura que les rodea, tres espécimenes de mêntalis, que observan complacidos la escena.

Fotografía de Juan G. Hurtado

Mêntalís

patatas transgénicas 3 Comentarios »

Drazic Kostov ajustaba el sintonizador que reposaba sobre su oreja mientras trataba de ver las últimas noticias en el campo de la ciencia. Los pequeños seres transgénicos miraban estupefactos, aquellas imágenes que se proyectaban a menos de 15 cm de la cara de Drazic. Incluso trataban de tocarlas, pero su jaula estaba bastante lejos. Un fuerte golpe debido a un bache hizo que el sintonizador cayera al suelo y la imagen desapareciese. Esto pareció desanimar a estos pequeños seres, que se acercaron a la ventana para recibir los rayos del sol. Los bichejos eran comunmente conocidos como patatas transgénicas (aunque de patatas tenían bien poco, tan solo en sus fases mas tempranas de la vida se alimentaban igual que las plantas). Si en épocas pasadas fue el ratón el animal que mas se usó para los experimentos, en la actualidad eran estos bichejos; los había de todo tipo: para pruebas científicas, para alimento, como animal de compañía etc.

Drazic K. era uno de los científicos mas importantes en su disciplina: se encargaba de estudiar la psicología de las patatas transgénicas, en concreto estudiaba a la variedad mêntalís, variedad  que en la actualidad mas quebraderos de cabeza estaba dando, aunque también era muy conocida porque en sus etapas mas tempranas se usaba para zumos o para carne, dependiendo del grado de madurez del sujeto. Las mêntalís causaban verdaderos problemas en sus etapas adultas: ciertos espécimenes eran capaces de inducir a las personas al suicidio o a que asesinasen a otras personas. Aunque eso no fue así en un comienzo; en las primeras generaciones de esta variedad todo fue a la perfección, incluso algunos paises comenzaron a tener plantaciones de miles de sujetos y otros basaron su economía de subsistencia en esta variedad, todo África termino siendo un granero de mêntalís. Al final como cabía esperar, muchos individuos escaparon de las plantaciones y continuaron reproduciéndose en libertad, fue aquí donde se cree que desarrollaron un cerebro mas avanzado; Los miembros de esta nueva sociedad empezaron a mezclarse con los que se encontraban en campos de plantación, cuando el hombre se dio cuenta era tarde, la producción mundial de mêntalís estaba contaminada. Se pensó en acabar con todos los mêntalís, pero resultó inutil, aquellos paises que lo intentaron no lo lograron, incluso tuvieron que enfrentarse a un número considerable (aunque no muy grande) de bajas, otros países dependían tanto económicamente de estos transgénicos que se prefirió tener cada poco tiempo algún muerto a cambiar radicalmente su modo de subsistencia.

D. Kostov se encontraba desbordado, recientemente dos compañeros suyos se habían suicidado debido a su trato con las mêntalís, en su afán por conseguir un espécimen mejorado genéticamente que al mezclarse con el resto hiciera que fuesen menos agresivos, no se dieron cuenta que estaban siendo inducidos a que se quitaran la vida. Por lo que D.K. decidió escribir una carta a un científico que vió hace años por televisión. Según  unos, una gran eminencia en el campo de la neurología, según otros, un chalado con aires de grandeza. Por lo visto, ese doctor podía recuperar los recuerdos de una persona desde el minuto uno de su existencia, no obstante no parecía convencer mucho a sus colegas de profesión que lo estaban tratando de desacreditar constantemente, sacando a relucir sus muy numerosos fiascos a lo largo de su carrera. Drazic esperaba que sus métodos pudiesen ayudarle.

La carta de Drazic Kostov viajó hasta Kazajistán y fué leida por su destinatario, pero la última mano en tocar el fólio en el que la misiva estaba escrita, fue una mano llena de sangre que no pertenecía al doctor.