Unas prospecciones infructuosas

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Al final ni puente, ni fin de semana de descanso… me tocó primero trabajar, y segundo estar limpiando una antigua casa que data de principios de 1800, y de una cosa por lo menos me he dado cuenta, que el síndrome de diógenes es también distinto entre los pueblos y ciudades. de vez en cuando, aparece en televisión la típica casa con una persona afectada con esta enfermedad, que se caracteriza por tener la casa llena de todo tipo de basuras y mierda en general, yo afortunadamente no he tenido que lidiar con esos montones de basura, pero si con montones y montones de sacos y cajas de serrín, maderas de todo tipo, desde los mejores leños )u hornijos como los llamamos en Vilviestre( hasta trocitos de cajas de fruta o astillas de madera, todo ello aderezado con años de acumulación y como no, humedad…

Resulta que los anteriores dueños de la casa, recogían cada pequeño trozo de madera que se encontraban por la calle )aunque fuese viruta de una serrería( les daba igual lo que fuese, con tal de que pudiese dar calor al quemarse, el problema de ello, no era ese, el problema radicaba en, como os he contado que había cantidades ingentes y en ocasiones con la humedad estaban podridas por completo haciendo inservibles esos preciados bienes. Pero ello no detenía a nuestras trilloincansables “hormiguitas” que día tras día seguían acumulando por si el crudo invierno llegaba no las pillase desprevenidas.

A medida que íbamos levantando capa tras capa, encontrábamos otros utensilios, bicicletas rotas, piedras, tejas, muchas tejas )eso si rotas( cazuelas, pequeños baúles de madera podridos… mi tío ha dicho en un momento, dime un año, y seguro que encontramos basura de ese año. Por lo menos cada vez que veíamos un utensilio que se salía de lo normal, era como hacer un viaje al pasado, una pizarra de escuela de las antigüas )a saber como fué a parar ahí(, un arado romano, varios trillos… todo eso hacía volar mi imaginación y me amenizaba el trabajo: Imagínate que encontramos un baúl, en el cuál alguno de los dueños que haya pasado por esta casa dejó algo de valor y lo encontramos nosotros años después, eso estaría bien… o algo antiguo que se pueda restaurar, quedaría bonito… pero mi gozo en un pozo, tras mucho escavar y quitar madera, tejas, mierda )en general( y polvo, ni he encontrado el tesoro de ningún temible bandido, ni se ha podido recuperar nada para aunque sea adornar en una casa.

Pero he de decir, que este fin de semana me lo he pasado bien.

La nieve…

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Como ya nos acercamos a esas fechas en las que puede nevar )como sigamos así…( el otro día me acorde de una las historias que mi padre de vez en cuando me cuenta de cuando yo no había nacido, y en las que él era muy joven todavía, relacionada con el invierno y la dureza de este, en pueblos como el mío, Vilviestre del pinar.

Antes de nada, para aquél que no sepa donde se encuentra, poneros en situación: Vilviestre se encuentra en la sierra de pinares Burgos-Soria, y como es de suponer, cuando cae una buena nevada muchos de los pueblos de la zona, se quedan incomunicados, incluso con los medios que se disponen actualmente, entonces ¿como se las apañaba la gente de antes? como ya he dicho si ahora cuando nieva hay problemas, imaginar hace unos años… ¿cómo hacían si alguien caía enfermo? ¿como le trasladaban al hospital? Pues antes se daba una cosa que desgraciadamente en nuestra sociedad, ya sean pueblos o ciudades cada vez se da menos, antes se daba ayuda al vecino, cuándo alguien caía enfermo y era de imperiosa necesidad llevarlo a la capital, no faltaban manos con las que coger una pala subirse a un vehículo e ir abriendo camino allá hasta donde fuese necesario, ya fuese de día o de noche durante la peor tormenta de nieve, que entre vecinos, amigos y familiares pala en mano se iba apartando la nieve de la carretera. Luego, eso si, la familia del enfermo se encargaba de pagar una pensión, cama o alojamiento a todos aquellos que les habían ayudado, allí donde ya no hacía falta su ayuda.

La verdad que con el paso del tiempo hemos ganado en comodidades, pero hemos perdido otras cosas.