Desde lo alto de la loma, vio asustado como la niebla penetraba incluso en las casas
cuentacuentos 6 Comentarios »Desde lo alto de la loma, vio asustado como la niebla penetraba incluso en las casas. Estaba empezando a amanecer y casi con toda seguridad habría pillado a todo el mundo durmiendo. No esperaba encontrarse con eso al volver a su hogar. Había oído hablar de este fenómeno en otros valles, pero el suyo estaba muy al norte como para preocuparse, el clima en teoría, no era propicio para este tipo de fenómenos.
El recordar la historia que hacía un año le había contado un grupo de desplazados por la niebla, le hizo abandonar su estado de crisálida y ponerse a correr como un loco colina abajo hasta detenerse en el pilón donde tantas veces de niño había llevado el ganado.
En esta época las vacas deberían estar pastando en lo alto de la montaña, pero el efecto que la niebla tenía sobre estos rumiantes había hecho que bajaran al valle, acudiendo a su llamada como si fueran ratas y la niebla el flautista de cierto pueblo alemán. Observando hipnotizadas aquel bello pero letal mar de algodones, que poco a poco engullía el pueblo, podían pasar todo el día, solo apartaron la mirada del fondo blanco cuando el ruido que hizo Óscar al entrar de golpe en el pilón, interrumpió al silencio, dueño y señor hasta aquel momento.
Con la ropa empapada en agua y la cabeza bien cubierta por trapos igual de mojados, se lanzó a bucear en la niebla. Si en un principio, con los primeros pasos, la visibilidad era bastante buena, al llegar a las primeras casas se sentía como un ciego sin su lazarillo, cerró los ojos pues le daba igual el tenerlos abiertos, además la acidez que flotaba en el ambiente le hacía temer que perdería la vista si los tenía mas tiempo abiertos.
Esperaba poder recordar como estaban dispuestas las casas y las calles, pues llegar rápido a su casa era lo único que le ocupaba la mente, ya se preocuparía de los demás vecinos mas adelante. Al llegar a la que creyó que era su casa llamó a la puerta pero nadie se la abrió. Golpeó con el hombro y dio patadas infinitas veces a la puerta tratando de tirarla, pero el roble macizo solo se doblega ante el fuego o un hacha bien afilada.
Extenuado de tanto esfuerzo se dejó, se rindió, se sentó con espalda apoyada en la pared esperando que su ropa empezara a deshacerse como un diente de león azuzado por el viento, fue en ese momento cuando un grupo de personas con escafandras llegaron a rescatarlo.
Días después mientras se recuperaba de las quemaduras causadas por el ácido y desde el campamento de primeros auxilios que habían formado sus salvadores, en lo alto de la loma, vio asustado como la niebla había derruido incluso alguna de las casas.
PD: dedicado este post al amigo Fer Ibeas, lo prometido es deuda











