Gorrión. Curvata, resurgo. Ep1

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Sentado en el banco del parque, apoyando la espalda lo justo para dejar el cuello colgando hacia atrás, con los ojos cerrados. Solo oía a los perros ladrar mientras paseaban a sus dueños y de cuando en cuando, las sirenas del parque de bomberos cercano ponían la monótona banda sonora a otro día, ni pájaros, ni niños chillando, solo su silencio.

Era como mejor se sentía, esa postura le permitía pensar mas claramente, la mejor manera de evitar distracciones y conseguir centrarse en algo, en lo que fuera. Podía pasarse horas, en mas de una ocasión el entumecimiento de cuello era tal que no recuperaba la movilidad completa del mismo hasta que no despertaba al día siguiente.

Hoy debería estar ya en casa, pero no le apetecía ir, además estaba pensando como plantear el hecho de volver a estar sin trabajo. El poco dinero ahorrado no sería suficiente para vivir hasta que volviese a encontrar de nuevo un trabajo y la situación llevaba siendo la misma en los últimos 20 años para mucha gente. Le daba igual, si conoció un mundo mejor no se acordaba de ello. Decidió pues acercarse donde Arcadio, un sin techo bastante paranoico, pero que siempre le ayudaba en la toma de decisiones.

Arcadio merodeaba siempre por el parque escondido a los ojos de extraños, nunca quieto, salvo de ocho a nueve de la tarde, esa era la hora en la que le gustaba escuchar y sobre todo ser escuchado. El lugar de reunión era a los pies de un roble milenario, árbol de gran tronco aunque con una oquedad en la base, donde Arcadio se incrustaba, como si formara parte del roble. Decía que era el único lugar donde nadie le podría atacar por la espalda. Aquella tarde no estaba ninguno de los habituales, solo había un hombre de unos 50 años sentado en el suelo y de unos rasgos muy parecidos a Arcadio pero mil veces mejor conservado y vestido.

—¿Dónde está Arcadio?— Dijo el hombre extraño mientras se levantaba del suelo, con un tono que indicaba mas urgencia que duda.

—Ehh… no se donde está, venía buscándole— Dijo Diego a  aquel hombre, a la vez que se detenía por la sorpresa que suponía no encontrar lo que iba buscando —Supongo que estará por llegar, aunque nunca se retrasa—

—¿Eres su amigo?—

—No creo que tenga amigos, ni siquiera puedo decir que le conozco bien— Diego empezaba a sentirse incómodo, pues el hombre se le estaba acercando demasiado.

—Yo fui su amigo hace años ¿A ti también te da consejos?— Dijo acercándose a menos de medio metro.

—A eso venía, hoy los necesito especialmente— Dijo mientras se daba la vuelta, pero sin perder de vista a su interlocutor —pero tendrá que ser otro día—

—Entonces puedo darte esto, si confía en ti para darte consejos, seguro que esto…. que te puedo dar esto.— En ese momento se oyó el canto de un pájaro, Diego quedó inmóvil, no se había fijado que donde había estado sentado con anterioridad el hombre había una jaula mal tapada con un abrigo. Si se fijó en la aguja que tenía este en la mano izquierda, pero no pudo evitar que se la clavase en la yugular, con una rapidez y precisión extraordinarias. En un intento de quitarse la jeringa se había llevado las manos al cuello , pero entonces la parálisis no fue por la sorpresa de haber oído a un pájaro, primero fueron las manos las que se quedaron inmóviles, luego las piernas quisieron no responderle, para terminar por el resto del cuerpo. Con cada latido el cuello se le iba hinchando impidiéndole respirar. Se estaba ahogando con sus propias manos.Gorrion

Al caer de espaldas semiinconsciente, fue cuando el hombre le quitó las manos del cuello.

Lo siguiente fue despertarse en la sala de un hospital, el reloj marcaba las 20:07, por lo que por lo menos había pasado un día desde que cayó inconsciente. Giró la cabeza hacia la destartalada ventana y ahí estaba, un gorrión. ¿Cómo era posible? el otro día oye un pájaro y hoy veía uno en la ventana de un hospital. En ese momento le vino a la memoria la última vez que vio un pájaro, fue con 10 años mientras ayudaba a su padre a limpiar las jaulas del zoologico.

….Continua….

Ansiedad

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El alcoholímetro podría haber sido algo innecesario si se hubiese molestado en recordar donde había dejado la cordura aquella noche, pero no hacer otra cosa que amoldar sus brazos a una barra de madera de roble, en la que el paso de los años había dejado diversas irregularidades, le impedía pensar en otra cosa que no fuera en las tormentas solares, encargadas de dejar durante horas o incluso días sin cobertura al nuevo movil que se compró al mudarse a esa ciudad.

El sueño de no poder alcanzar la meta que nunca había existido, pero que siempre espero encontrar, le atormentaba cada noche. vacío, sin rumbo.

Cada vez que se despertaba el rito era el mismo, se miraba en el espejo del baño tras lavarse la cara y trataba de insultarse, pero no podía, ni eso podía hacer. Quería gritar, despertar a los vecinos y que llamasen a la policía, ya que pensarían que se había vuelto loco. Luego, el haría como que no pasaba nada, y… volver a tratar de conciliar el sueño.

Pero esa noche fue diferente, bajo al bar que acababan de abrir el mes pasado, en el cual, coloridos neones iluminaban por la noche unas siluetas de mujeres gárgolas. Vio a los gorilas que flanqueaban la entrada, entrada a la caverna donde la mas variada fauna se internaba aquella noche. La respiración se le aceleró, todo estaba distorsionado, la gente que pasaba a su alrededor estaba animalizada, estaban las hienas en grupo acechando al joven león solitario tras sacar dinero del cajero, las jirafas pisoteaban a las pequeñas gacelas por ser mas bajas… y el, el era un simple perezoso de movimientos lentos.

Decidió beber, beber hasta poder morfearse en algún animal mas llamativo, no sabía qué podría llegar a ser, pero creía que eso tampoco se podía elegir.  La noche fue larga, hasta que las lagunas fueron ocupando zonas en las que debería haber algo mas que recuerdos, tan solo las luces azules de un coche de policía le devolvió a la realidad. También animalizada, pero real.

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Macrófagos

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Aunque no os lo creáis, me pasan cosas realmente extrañas.

Esta vez todo empezó, como todo comienza: por la mañana, nada mas levantarme; A mi me gusta dormir con tapones en lo oídos, para así poder conciliar el sueño mas rápidamente y los últimos días al despertarme, me faltaban los tapones que cada noche antes de dormir ponía en mi oído derecho. Por mucho que los buscase no los encontraba en ninguna parte. Esta vez me faltaban los tapones de los dos oídos, empezaba a preocuparme, llegué a pensar que tal vez por las noches me despertaba sonámbulo y los tiraba a alguna parte.

Toda la mañana dando vueltas al asunto, tratando de ingeniar un sistema de cámaras que me grabase por la noche, a ver si me levantaba sonámbulo o alguien entraba a mi habitación y no tenía otro divertimento, que el quitarme los tapones y luego tirarlos o esconderlos.

Aunque esos pensamientos desaparecieron a medida que desaparecían los cascos que me había introducido en mis cavidades auditivas. En un comienzo sentí algo raro, como que los cascos se estuviesen auto-recolocando, pero no le di mucha importancia, ya que tenía la cabeza (como he comentado)  a otras cosas. Pero primero se dejó de oír el casco derecho, luego el izquierdo  y al darme cuenta como el cable enganchado a mi reproductor de mp3 subía poco a poco, di un tirón del mismo.

Pude ver asombrado como del cable habían desaparecido misteriosamente los cascos. Instintivamente metí los dedos en mis oídos, pero un punzante dolor en las falanges que había introducido, hizo que las sacase casi de inmediato, no sin cierta dificultad, ya que mis oídos estaban ejerciendo una presión bastante fuerte.

No me lo podía creer, mis oídos habían cobrado vida y se habían convertido en unos “macrófagos” insaciables, capaces de alimentarse de lo que sea. Durante días he estado probando con cualquier cosa, piedras, metal, comida… todo, da igual que, todo se lo terminan comiendo, todavía no entiendo muy bien como, pero no dejan ni ristraja.

Cierto es que los días que mas como por las orejas, tengo menos hambre, pero llamadme anticuado, prefiero seguir comiendo por la boca, ya que no entiendo el proceso digestivo que lleva lo que como. Y eso que he llegado a hacer cosas un tanto asquerosas como inspeccionar mis heces, para tratar de averiguar algo. En ocasiones si que encuentro cosas, como partes de los cascos que se comieron, pero otras veces no encuentro nada, parece ser que el plástico no les termina de apasionar del todo y siempre terminan desechando algo, pero metal no suele aparecer casi nunca nada.

Cualquier día iré al médico a que me lo mire, pero mientras, en estas cenas de navideñas, seré el centro de atención con mis trucos de magia. Cuando haga desaparecer las cosas por mis orejas, la gente se va a quedar flipando

solo quería darse de baja

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Cuando León llevó la hoja firmada a la sede central, no pudo menos que quedarse asombrado ante la majestuosidad del edificio, sede central de todo despropósito. Él, tan solo tenía que llevar su firma y luego desentenderse, ¿qué le podía pasar?, tan solo estaba pidiendo no figurar mas en su lista de mailing, ya estaba aburrido de cartas y mas cartas de propaganda, había días que le llenaban el buzón con chorradas, aunque al principio había alguna que le era hasta útil: labado de coche gratis, descuentos del 80% en la compra de la última aspiradora aspiramás (con dos motores de succión),  ¡prueba gratis este crecepelo mágico!; resultó que funcionaba, pero terminaron prohibiéndolo porque debía tener efectos secundarios que nunca salieron a la luz pública, en los mentideros de internet se decía que producía espeluznantes mutaciones, varios fueron los blogs que mostraron imágenes de las supuestas mutaciones, incluso en medios como menéame llegaron a la portada, pero pronto esos sitios desaparecieron de internet o dijeron que había sido todo un cruel montaje.

Cuando León llegó a la ventanilla de información, un esbelto mozo, con muchas horas semanales de gimnasio a las espaldas y con un refinado acento, le preguntó que quería y este le contestó que quería darse de baja, el “educado armario” le indicó con suave tono de voz, que para esas cosas tenía que hablar con su compañera; se encontraba en el mostrador de enfrente. Al verla, León no entendía como no había ido directo a hablar con ella. Esta le preguntó que qué deseaba, en el mismo tono y entonación que el anterior recepcionista, lo que antes le había parecido hasta pedante, ahora le parecía de lo mas sexy, sobre todo si era acompañado con un movimiento de aproximación que dejaba mas a  la vista el generoso escote que esa mañana lucía la recepcionista.

-ehhh, mira, es que.. venía a darme de baja de sus servicios, quiero decir de los servicios de su empresa….-

-Pero si para usted son gratis, si no quiere leer el correo tan solo tiene que tirar las cartas a la basura, no hace falta ni que las abra- Al terminar esto, la joven inspiró profundamente haciendo que el volumen aparente de sus senos aumentase. Está demostrado, los hombres tienen mas dificultades para razonar cuando la testosterona se dispara.

-ehhh, no… es que, eso es lo que vengo haciendo desde hace un mes y ya estoy aburrido, que hay días que el cartero no me puede dejar las cartas en mi buzón porque vosotros lo habéis llenado- dijo tratando de mirar a los enormes ojos azules de la chica.

-¿Está seguro?- dijo ella levantándose de su sitio dejando ver sus largas piernas, mientras se bajaba un poco la minifalda y recogía una PDA del escritorio- pues acompáñeme- León la acompañó sin rechistar hasta el ascensor, observando su contoneo al andar.

-No me ha dicho como se llama-

-León Gómez Gómez- tras lo cual ella, llamó al ascensor y empezó a trastear en la PDA

-Por lo que veo, usted usó el crecepelo gratis durante dos meses-

-Si, así es-

-¿Todos los días?-

-Si, todos y cada uno hasta que lo prohibieron-

-uhmm, es extraño que no le hayas venido antes por aquí- dijo justo en el momento que se abría la puerta del ascensor y ella entraba. Ese comentario no le gustó mucho a León, ya que había leído de todo en internet a cerca del crecepelo, pero el susto que se dio al ver detrás de el al recepcionista con el que había hablado al principio le hizo entrar en el elevador sin pensar, tras León también entró el “gentil mastodonte”. El ascensor era justo para tres personas, pero como el tamaño de una de ellas excedía la media hacía que los tres estuviesen bastante apretados; León estaba cara a cara con la chica, tratando de pensar en cosas nada eróticas, ya que no quería que el soldado del sur levantase el campamento, pues estaban lo demasiado juntos como para que ella se diese cuenta de que León se alegraba de haberla conocido.

-Todavía estás a tiempo, de no darte de baja- Dijo una voz susurrante al oído de León, que hizo que se erizasen todos los pelos del cuerpo, en una corriente electrizante que corrió desde la nuca, hasta el último pelo de los dedos de los pies. Eso fue suficiente, no le hizo falta pensar en nada antierótico, ahora estaba muerto de miedo, sobre todo tras ver que donde se estaban dirigiendo era a la planta menos cinco ¿en que empresa llevan a la gente a la planta menos cinco, para darte de baja, acompañado de un mastodonte susurrante?  seguro que es en esa planta donde tienen a los mutantes. Iba a decir que ya no se iba a dar de baja cuando las puertas se abrieron.

-Ya es demasiado tarde- dijo la chica viendo la intención de este – No nos gusta bajar hasta aquí en balde-

-Yo me encargo- Dijo el hombre mientras cogía del brazo a León, sin apretar, pero con agarre firme y lo sacaba del ascensor, tras lo cuál dio un beso a la recepcionista como si estuviera marcando el territorio.

-No deberías ser tan celoso-

-La última vez el tío que te acompañó, casi enloquece-

-Normal, tu le dijiste que iba a estar junto con los mutantes…- Eso ya fue suficiente para León

-Perdonad, ¿no se podría hacer nada? he reconsiderado mi postura, no me apetece darme de baja hoy, tal vez en otro momento… bueno tal vez nunca¿no podríamos volver a recepción y como que no ha pasado nada?- El chico armario miró a la chica objeto y asintieron a la vez.

-Está bien, nos has caído bien- Dijo ella- pero esta vez en vez de tirar todas las cartas cuando te lleguen abre una de vez en cuando y compra lo que venga en ella, ¿vale?- León asintió y volvió al ascensor, esta vez al que tenia de frente era al hombre. Cuando llegaron a recepción le hicieron firmar un nuevo contrato comprometiéndose a aceptar un mayor numero de correos.

Pasado el susto inicial, León sentado en el sofá de su casa, se dio cuenta de que había sido un tonto, de que le habían engañado como a un niño y que terminaría yendo otro día a darse por fin de baja. Al mismo tiempo que León pensaba eso, los dos recepcionistas tenían una reunión con su jefe:

-Así es, dijo que lo había usado todos los días, y no solo no tenía mutaciones, si no que le había crecido el pelo-

-Muy bien, la próxima vez que venga, porque vendrá, le tomáis una muestra de ADN, pues al parecer hemos dado con el sujeto que nos servirá para nuestras pruebas- Dijo un hombre sentado en una silla de director con una horrible cabeza deforme, y lléno de pustulas por todo el cuerpo- Ese chico tuvo mas suerte que yo, pero parece que se le ha acabado… esa suerte….

La bombilla maldita

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En un comienzo miraba a la bombilla de forma incrédula, incluso se sacudió la cabeza como en los dibujos animados, para corroborar si eso era cierto o no. Cuando sucedió por quinta vez no cabía la menor duda ¿pero que podía hacer ella? una simple persona. Corrió a llamar a su marido muy alterada, este, que desde el principio entendió lo que decía, trató de calmarla y de demostrar que tenía todo controlado, aunque por dentro se encontraba tan asustado como ella o mas, ¿y si ella descubría que no podía hacer frente al terrible problema que se le planteaba?. Con paso seguro se dirigió a la habitación, mientras su mujer le agarraba fuertemente del brazo; Tras comprobar con sus propios ojos lo que sucedía decidió ir mas allá y tocar la bombilla, la mujer aterrada no se atrevió a entrar en la habitación pues temía lo que pudiera pasar. Mientras, el marido acercaba su dedo a la bombilla, el primer contacto fue temeroso y fugaz, pero no sucedió nada, el segundo, fue mas prolongado en el tiempo, pero tampoco sucedió nada. Mas seguro de si mismo, el hombre de la casa envalentonado dio un leve toque a la bombilla, parecía que esta vez tampoco sucedería nada hasta que esta súbitamente se soltó una ráfaga de luz tan intensa que lo dejó sin visión por unas décimas de segundo, cuando recuperó la vista se dio cuenta que estaba caído en el suelo mientras su mujer chillaba desconsolada. Los hijos que oyeron aquel griterío se acercaron a ver que sucedía  y aunque al principio los padres se mostraron reticentes a contar lo que pasaba, terminaron accediendo.

Al cabo de unas horas y tras unas agrias discusiones la hija decidió buscar en internet como solucionar aquello a lo que se enfrentaban, estaba segura de que a alguien le habría tenido que suceder lo mismo. Pronto llamó a su hermano y le pidió que buscara una bombilla lo mas parecida a la bombilla maldita. Mientras llegaba su hermano con lo que le acababa de pedir, ella tuvo que desechar la información de muchas páginas, muchas explicaban con pelos y señales lo mismo que les sucedía a ellos, pero sin solución alguna, otras estaban plagadas de leyendas urbanas, incluso encontró algunas que llegaban a ofrecer servicios de personas para exorcizar bombillas, previo pago, claro está. Al final la encontró, en esta web decían como actuar paso a paso en estos casos.

No tardó en regresar su hermano con lo pedido, aunque ella prefirió  comprobar por si misma que ambas bombillas eran idénticas, antes tenía que practicar y quería estar segura antes de hacer nada. Cuando por fin se decidió llamó a la familia para que la ayudaran y viesen lo que ella hacía, ya que cabía la posibilidad de que tal catástrofe volviese a ocurrir.

Lo primero que hizo fue cortar la luz de la casa y pedir que su familia la alumbrase con una linterna, tras lo cual se subió a una silla y se dispuso a desenroscar la bombilla que tantos problemas les estaba dando, hubo un momento de tensión cuando la madre casi se desmaya, pero la joven continuó con su árdua tarea. Al terminar con el paso anterior, usó la bombilla que hacía un rato le había traido su hermano y fue enroscándola poco a poco hasta que ya no pudo mas: había hecho tope. El momento crítico estaba a punto de llegar, tenían que levantar los diferenciales para que hubiera luz de nuevo en la casa y comprobar si todo seguía como antes o el problema estaba solucionado, fue el padre el que se ofreció voluntario, herido en su orgullo de macho, nunca se perdonaría no haber sabído como actuar en estos casos. Con la mano temblorosa subió los diferenciales, vio como la casa se iluminaba ¿pero se habría solucionado el problema? poco despues vio como su hijo corria hacia él a darle un abrazo mientras decía ¡La bombilla ha vuelto a dar luz! ¡ha vuelto!

El bardo

El viaje de Athlus 2 Comentarios »

Tras tres decepcionantes meses, mechones estaba empezando a reponerse, ningún barco llegaba al puerto principal, algo no muy raro en esas fechas, según le dijeron. Todos los días, desde que llegó a la ciudad se acercaba al embarcadero en sus momentos de descanso para ver si llegaba alguno, siempre en vano; Los barcos pesqueros partieron poco antes de que él llegase, tranquilamente podrían estar en alta mar años si las cosas iban bien y, según los astrólogos iba a ser una buena temporada. Tampoco arribaba ningún barco mercantil, esos llegaron a la vez que se fueron los pescadores pero hasta que no hubieran vendido toda su mercancía no partirían, aún a pesar de todo eso no faltaba un solo día tras la hora de la comida: el único momento que tenía libre entre recado y recado. No había sido elegido por ningún comprador de niños, para que le prestase sus servicios, demasiado joven para algunos, para otros que viniese de un pueblo tan aislado no les gustaba mucho, pero había caído en gracia a la persona que conducía el carromato cuando lo llevaron a la ciudad, esa persona consiguió que su dueño, un viejo cascarrabias esclavista, no lo enviase a las minas de carbón, combustible que se usaba para la nueva locomotora. Locomotora que por otra lado era todo un acontecimiento en la ciudad, no hacía mucho que se había finalizado la construcción de la vía que unía Soldaverde (país mas al sur) con la capital de Lagumar, proyecto financiado íntegramente por Soldaverde, país mucho mas avanzado que ellos tecnológicamente, pero con poco comercio externo, cosa que con esta obra esperaban mejorar y así de paso mejorar las comunicaciones entre los dos estados.

-Otra vez por aquí, ¿eh?- dijo el hombre al que Athlus llamaba dos dientes, mientras el chaval refrescaba los pies el las aguas del puerto.

-¿donde si no?- dijo a la vez que chapuscaba en el agua.

-El jefe-así llamaban todos a Jorent el esclavista -quiere que vayas a la casa de Mencias- Mencias era un hombre muy extraño del que Athlus había oído hablar muchas veces, pero nunca había conocido, según unos era una persona perteneciente a una gran familia venida a menos en la época de la plaga, para otros era un simple loco con aires de grandeza, una vez oyó decir a un chaval que le había visto hacer magia, pero todos los otros jóvenes que se encontraban oyendo su historia se rieron de él, muchas cosas se contaban de él, aunque en una cosa coincidían todos: era una de las voces mas perfectas a la hora de entonar cualquier canción.

Mechones se dirigió a su casa con gran interés, pues iba a ser la primera persona importante que conocería de la ciudad, hasta entonces siempre se había encargado de los recados de tenderos y comerciantes, todos ellos de muy mala reputación.

Cuando llamó a la puerta una joven, cubierta únicamente por una gasa que dejaba entrever todo su cuerpo le abrió la puerta.

-¿Que se te ha perdido por aquí mocoso?- dijo la joven con media sonrisa en la boca al ver que Mechones bajaba la mirada al suelo

-Busco a Mencias- habló tímidamente mientras miraba de reojo a la entrepierna de la chica, justo en el momento que recibió un cachetazo en la cabeza.

-Sube a la segúnda planta, la tercera puerta, ¡y cuidado con lo que miras!- Mechones subió corriendo, rascándose ahí donde había recibido el golpe, no sin antes decir -¡Has sido tu la que ha salido desnuda a la puerta!- La joven trató de atizarle de nuevo, no por castigarle si no por diversión, pero no pudo alcanzarlo. Al llegar a la tercera planta se puso a buscar la tercera puerta, pero no la encontró, trató de abrir las dos únicas puertas que veía, pero estaban cerradas, iba a desistir y a preguntar de nuevo a la chica, cuando oyó cantar al fondo del pasillo, no veía el lugar del que pudiera salir ese bonito canto, así que decidió ir al final del pasillo, a medida que iba andando el pasillo iba cambiando de iluminación y de color, cada vez oia mas alta la voz del bardo, pero también cada paso que daba hacia que el pasillo cambiase, hasta que se vió en mitad de un monte rodeado de robles, y allí al fondo, había una persona sentada cantando.